domingo, 4 de octubre de 2026

Ahogados por el diésel

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La guerra en Oriente Medio dispara los precios de los carburantes en Europa, amenazando el crecimiento económico y la paz social

 

El 24 de septiembre, en una infrecuente comparecencia televisiva, el presidente francés, Emmanuel Macron, anunció el envío de “medios militares” –soldados, radares y sistemas de defensa– para proteger la terminal petrolera de Yanbu, en la costa saudí del Mar Rojo. Punto de llegada del oleoducto Este-Oeste y principal ruta de Arabia Saudí para exportar su crudo sorteando el bloqueado estrecho de Ormuz, está hoy amenazada por los ataques de los rebeldes hutíes del Yemen. “Nuestro compromiso con la región se basa en una lógica estrictamente defensiva de estabilidad regional y protección de nuestros intereses y socios”, dijo Macron, quien vinculó esta intervención -cuyos contornos no se han precisado- a la crisis provocada por el encarecimiento de los carburantes.

El alza de precios de la gasolina y -sobre todo- del gasóleo como consecuencia de la guerra entre Estados Unidos e Irán ha disparado las alarmas en toda Europa, en la medida en que amenaza con lastrar el ya de por sí débil crecimiento económico (apenas un 1% interanual en el segundo trimestre de este año en la zona euro), disparar el coste de la vida (la inflación en la zona euro está ya en el 3,8%) y acrecentar el malestar social, con el riesgo de reeditar convulsiones como la vivida en Francia en 2018-2019 con el movimiento de protesta de los chalecos amarillos.

El estancamiento de las conversaciones entre Teherán y Washington para una tregua mantienen en gran tensión el mercado del petróleo, que según la Agencia Internacional de la Energía (AIE) no se recuperará antes del año que viene. La escolta de petroleros por parte de EE.UU. en Ormuz y la deriva de parte de las exportaciones hacia otras rutas (como el mar Rojo, también bajo tensión por los ataques hutíes en el estrecho de Bab el Mandeb) han aliviado en parte la caída, pero de forma insuficiente. Según el último informe de la AIE, de este mes de septiembre, se calcula que en el conjunto de 2026 las exportaciones de petróleo habrán caído en 5,7 millones de barriles diarios, mientras que la demanda solo lo habrá hecho en 2,5 millones, desajuste que presiona los precios al alza. Así, el barril de Brent superó de nuevo el mes pasado los 100 dólares.

La situación se agrava en el caso de determinados productos, como el gasóleo. “El incremento tanto de los futuros del crudo como de los precios físicos palidece en comparación con el de los productos refinados, segmento donde la escasez de mercado es actualmente más aguda”, constata el informe, que apunta no únicamente a la reducción de las exportaciones de los países del Golfo (un 60% por debajo de los niveles anteriores a la guerra) sino a la parálisis de las exportaciones procedentes de Rusia. El resultado es que los precios del diésel, que representa el 30% de la demanda mundial, superaron los 200 dólares por barril.

La crisis de Oriente Medio ha representado ya un sobrecoste para Europa de 100.000 millones de euros, según datos de la Comisión Europea. En las gasolineras europeas, esto se traduce en precios superiores a los 2 euros por litro de gasóleo -más caro hoy que la gasolina-, con puntas de 2,50 euros en algunos países. Este viernes, el precio medio en la UE se situaba en 2,24 euros.

Frente a esta situación, y en medio de una creciente inquietud social, buena parte de los países europeos están tomando medidas para aliviar la factura a los consumidores, bien sea de forma general o selectiva (aunque sea a costa de aumentar el déficit público, más fácil para unos que para otros). En España, el Gobierno de Pedro Sánchez acordó al martes prorrogar por segunda vez los descuentos a los carburantes (de 20 céntimos por litro, que se irán reduciendo progresivamente) hasta final de año, después de que la inflación se disparara por esta causa al 4,9%. El Consejo de Ministros aprobó asimismo otras medidas para contener los precios del gas y la electricidad.

Iniciativas similares se han tomado también en otros países europeos -Alemania, Bélgica, Grecia, Italia, Polonia o Suecia, entre otros-, bien sea con subvenciones o reducciones fiscales para rebajar el precio (entre 10 y 20 céntimos), bien poniéndole un tope por decreto. En Francia, con un problema de déficit público desbocado, el Gobierno ha optado por ayudas segmentadas -de hasta 40 céntimos por litro- para agricultores o transportistas, entre otros. El presidente Macron ha pedido, paralelamente, a la Comisión Europea que flexibilice (esto es, que rebaje) temporalmente las normas europeas sobre la calidad de los carburantes y que retrase la regulación de las emisiones de metano, con el fin de reducir los costes de producción.

A iniciativa francesa también, los países del grupo G7 decidieron a última hora de ayer liberar a lo largo de los próximos cuatro meses hasta 100 millones de barriles de las reservas estratégicas de diésel y crudo, con el objetivo de bajar los precios. La propuesta adjudicaba inicialmente a la UE la liberación de 50 millones de barriles de diésel y a los países de la AIE en conjunto otros 50 millones, en este caso de crudo.

El acuerdo aleja, en principio, el riesgo de una guerra de todos contra todos. El presidente de EE.UU., Donald Trump, había amenazado con suspender temporalmente las exportaciones de diésel, una medida extrema para tratar de controlar el precio en su país, donde ha llegado a entre 6 y 6,50 dólares por galón (aproximadamente entre 1,44 y 1,50 euros por litro), cuando falta poco más de un mes para las cruciales elecciones legislativas de medio mandato (mid-term). Una interrupción de las ventas norteamericanas de diésel sería un golpe para Europa, que importa de EE.UU. el 20% del gasóleo que consume (además de para las propias compañías exportadoras, claro)

El comisario de Energía y Vivienda de la UE, Dan Jørgensen, que el martes reunió a los titulares de esta cartera de los 27 para abordar la situación, subrayó a la salida del encuentro que la única forma de que Europa se libre de su extrema dependencia exterior respecto de los combustibles fósiles pasa por fomentar la electrificación, multiplicar la producción de energías limpias y aumentar las interconexiones entre países. Nada, sin embargo, que pueda resolver el problema de inmediato. Ni salvar a los consumidores de un invierno que se presume “muy duro” en materia de precios.

 

¿Brexit de ida y vuelta? El primer ministro británico, el laborista Andy Burnham, ha ido un paso más allá que su antecesor en Downing Street -Keir Starmer, quien pretendía impulsar un nuevo acercamiento hacia la UE- y ha planteado la posibilidad de que en un futuro no inmediato el Reino Unido pudiera plantearse el reingreso en la Unión Europea. Así lo expresó esta semana en una entrevista en la BBC, donde se apresuró a subrayar que se trata de una opción más, no la única. “El Brexit ha hecho más mal que bien, ha deprimido el crecimiento económico y fomentado la pérdida de control sobre la inmigración”, declaró el premier. Una opinión en la que coinciden hoy el 60% de los británicos. Los laboristas podrían incorporar a su próximo programa electoral un posible referéndum de vuelta. En todo caso, esa eventual consulta todavía deberá esperar.

Invertir en Europa. El Gobierno español quiso aprovechar los decretos sobre vivienda para incluir la creación de una nueva cuenta bancaria con ventajas fiscales para animar a los ahorradores a invertir su dinero en compañías europeas, una iniciativa pactada con Alemania, Estonia, Francia, Luxemburgo, Países Bajos y Portugal. El nuevo instrumento debía llamarse Cuenta de Ahorro e Inversión Financia Europa, con un límite máximo de aportaciones de 150.000 euros. A través de esta cuenta, su titular debía poder comprar y vender activos sin tributar por ello en el IRPF durante el plazo de permanencia, de cinco años. Una vez extraído el dinero, la ganancia estaría libre de impuestos hasta un límite de 10.000 euros (por encima, habría una bonificación fiscal del 20%) y los dividendos obtenidos sí tributarían por IRPF. La no validación, ayer, de los decretos de vivienda obligará a recuperar la medida por otra vía.

Groenlandia, premio Vanguardia. El premio Vanguardia Internacional de este año ha recaído en el primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, por su serenidad y entereza a la hora de defender la soberanía de la isla ártica -territorio autónomo perteneciente al Reino de Dinamarca- frente a los apetitos territoriales expresados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump. En una entrevista con La Vanguardia, Nielsen (Nuuk, 1991) se mostró confiado en el futuro tras la firma del acuerdo de defensa firmado con Washington, que en principio pone fin al litigio y que autoriza a EE.UU. a levantar dos nuevas bases militares en Groenlandia, así como restringe la presencia de potencias extranjeras ajenas a la OTAN. “La posibilidad de poder mirar hacia el futuro y decidir por nosotros mismos es lo que más importa ahora”, declaró aliviado.

 

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