lunes, 30 de marzo de 2026

El trumpismo pierde tirón

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La guerra de Irán hace que la amistad con Trump empiece a ser un lastre político en Europa

 

Sabido es que, en un referéndum, el Gobierno pregunta una cosa y los ciudadanos responden lo que les da la gana. Frecuentemente para castigar al poder… Como muchos otros dirigentes políticos antes que ella, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, ha sufrido esta semana en sus carnes esta verdad universal, al perder por un claro 54% a 46% la consulta convocada los días 22 y 23 para refrendar el proyecto de reforma de la Justicia (una iniciativa controvertida que introducía cambios importantes en la organización jurisdiccional establecida en la Constitución de 1948)

Pese a los intentos de Meloni de circunscribir el debate a la reforma judicial en sí misma, lo cierto es que el referéndum se acabó convirtiendo en un enjuiciamiento global de la política del Ejecutivo. Y la impugnación ha sido de tal calibre que la primera ministra, si bien ha descartado dimitir, se ha visto forzada a abrir una crisis de gobierno. ¿La guerra de Irán le ha pasado factura? ¿Meloni ha pagado su amistad con el belicoso Donald Trump? La aventura militar de Estados Unidos e Israel parece haber sido ser una de las variables de la ecuación

Según el politólogo Arturo Varvelli, del European Council on Foreign Relation (ECFR), los electores italianos de centroderecha, incluidos los del partido de Meloni -el posfascista Hermanos de Italia-, se manifiestan cada vez más hostiles a las políticas disruptivas del presidente de EE.UU., en las que ven a Italia como una víctima colateral (aranceles comerciales punitivos, perjuicios económicos a causa de la guerra…) La cercanía a Trump, que en otro momento podría haber representado una baza, en estas circunstancias se estaría revelando como una “trampa”

Tras un mes de guerra en el golfo Pérsico sin visos de un pronto final, con la amenaza de penurias energéticas y subidas generalizadas de precios, el trumpismo ha empezado a perder lustre en Europa y las fuerzas nacionalistas y de ultraderecha que hasta ahora se arrimaban al locuaz e imprevisible inquilino de la Casa Blanca empiezan a marcar distancias. Giorgia Meloni también lo ha hecho, descartando involucrar a Italia en la guerra, pero con un perfil bajo, tratando de no hacerse notar demasiado. Y se ha guardado muy mucho de criticar a Trump.

No ha sucedido lo mismo con otra de las principales dirigentes de la extrema derecha europea, la francesa Marine Le Pen. La líder del Reagrupamiento Nacional (RN) ha calificado esta semana de “error” el ataque norteamericano a Irán y ha expresado sus dudas sobre el propio Trump: “¿Alguien entiende cuál es el objetivo último de esta guerra?”. Le Pen ha ido bastante más allá de las palabras en este desmarque y el jueves su partido votó en contra de la ratificación del acuerdo comercial con EE.UU. en el Parlamento Europeo.

No fue el único. Dentro del grupo de extrema derecha Patriotas por Europa, el acuerdo comercial con Washington -que impone unos aranceles del 15% a las importaciones europeas por 0% para los norteamericanas- ha causado bastante división. Los italianos de La Liga, de Matteo Salvini (que gobierna en Roma en coalición con Meloni), también votaron en contra, mientras que los húngaros de Fidesz (Viktor Orbán) y los españoles de Vox (Santiago Abascal) se abstuvieron.

Trump empieza a ser un lastre. Y las últimas convocatorias a las urnas en Europa -con todas sus particularidades y diferencias- así parecen indicarlo. No se trata solo de la derrota de Meloni en el referéndum italiano. En Francia, la extrema derecha no ha sufrido ningún tropiezo particular en las recientes elecciones municipales, cuya segunda vuelta se celebró el pasado domingo, pero teniendo en cuenta sus expectativas su balance fue más bien discreto. El RN, comparado con las elecciones municipales anteriores (del 2020), ha avanzado claramente, pero no deja de ser una traslación parcial al mundo local de sus buenos resultados en las legislativas del 2024, en las que -en la primera vuelta- fue el más votado con el 33% de los votos. No ha sido lo mismo ahora.

Los ultras franceses han ganado alcaldías y han avanzado en las ciudades medianas, sobre todo en el sur, pero no en las grandes urbes: han consolidado su hegemonía en Perpinyà y han conquistado Niza (aunque a través de un asociado, el exlíder de Los Republicanos Eric Ciotti), pero el asalto que pretendían en Marsella, Nîmes o Toulon fracasó. En cambio, los socialistas, junto a los ecologistas y otros aliados, han logrado conservar París, Marsella, Lyon, Estrasburgo, Lille, Montpellier o Nantes.

El mismo domingo 22, en Eslovenia, el liberal Robert Golob, primer ministro saliente y líder del Movimiento por la Libertad (GS), dio la sorpresa y ganó las elecciones legislativas frente al candidato populista de derecha -y admirador confeso de Trump- Janez Janša, del Partido Democrático Esloveno (SDS), al que las encuestas daban como ganador. Golob ha perdido terreno respecto a 2022, su victoria es estrecha -de solo unas décimas- y la fragmentación del Parlamento no permite asegurar quién será finalmente elegido primer ministro. Pero, de entrada, ha frenado la tendencia al alza de su adversario, castigado por la revelación de injerencias extranjeras vinculadas a la crisis en Oriente Medio (los servicios secretos eslovenos desenmascararon una operación de desestabilización organizada por una agencia privada israelí, Black Cube)

El martes, la primera ministra danesa, la socialdemócrata Mette Frederiksen, quien adelantó las elecciones para tratar de rentabilizar su resistencia frente a Donald Trump en el pulso sobre Groenlandia, volvió a ganar, pero obtuvo una victoria más exigua de lo esperado. “Estoy decepcionada, pero es un resultado aceptable”, declaró tras conocerse el veredicto de las urnas. Un aspecto destacable ha sido el avance notable, aunque limitado, de la extrema derecha -el Partido Popular Danés (DF) triplicó sus votos, aunque quedando por debajo del 10%-. Pero probablemente lo más significativo es el basculamiento que ha llevado al bloque de la izquierda a sobrepasar al bloque de la derecha.

Parlamento muy fragmentado también el danés, todo indica que harán falta semanas para llegar a un acuerdo de gobierno, aunque todo indica que -con al apoyo del partido de los Moderados, liderado por el ministro de Exteriores, Lars Løkke Rasmussen- Frederiksen podría repetir al frente de un gobierno de coalición. Esta vez de izquierda, similar al de la legislatura 2019-2022, en lugar del de centroderecha actual.

Todos estos movimientos se suman a la victoria -anterior a la guerra pero también inesperada- del liberal Rob Jetten en las elecciones anticipadas en los Países Bajos del pasado mes de octubre derrotando a la extrema derecha, corroborada por su elección como primer ministro el mes pasado al frente de un gobierno moderado de centroderecha.

No hay nada en todo este panorama que pueda considerarse definitivo, pero sí puede ser indicativo de una posible inflexión. La prueba de fuego se producirá el próximo 12 de abril, cuando el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, candidato declarado de Donald Trump –quien le ha calificado de “verdadero amigo, luchador y GANADOR”- y próximo al presidente ruso, Vladímir Putin, se enfrente a las urnas. Tras 16 años al frente del gobierno, desde donde ha utilizado su aplastante mayoría en el Parlamento para implantar un régimen iliberal, Orbán podría en un par de semanas perder el poder. Las encuestas dan como amplio vencedor -con hasta 15 puntos de ventaja- a Peter Magyar, un exmilitante de Fidesz al frente hoy del Partido del Respeto y la Libertad (Tisza)

En situación desesperada, Orbán ha derivado la campaña electoral hacia un choque frontal con la UE y con Ucrania, a quienes acusa de una conspiración para derribarle. En este contexto, el líder húngaro no ha dudado en bloquear un nuevo paquete de sanciones económicas contra Rusia y la concesión a Kyiv de un crédito de 90.000 millones de euros -pese a haber sido acordado en la cumbre de jefes de Estado y de gobierno de diciembre-. Para acabar de emponzoñar el panorama, el ministro de Exteriores húngaro, Péter Szijjártó, ha sido acusado de pasar regularmente información a su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, de las interioridades de las cumbres europeas.

La eventual derrota de Orbán provocaría un cambio radical no solo en la política interior de Hungría, sino en toda Europa. La extrema derecha no solo perdería a uno de sus puntales en la UE, también lo perderían Putin y Trump, que ha movilizado en su apoyo -entre otros- al vicepresidente J.D. Vance y al secretario de Estado, Marco Rubio. Su derrota sería también la derrota del presidente de EE.UU. y de su revolución ultraconservadora.

Los antídotos contra el veneno de serpiente se elaboran con los anticuerpos desarrollados por animales -por ejemplo, caballos- a quienes se les inoculan pequeñas dosis no letales para que generen inmunidad. ¿Acabará siendo Donald Trump el agente agentes que servirá como antídoto al ascenso de la extrema derecha en Europa?

 

Acuerdo sí, pero con condiciones. La historia de las agitadas relaciones comerciales con los nuevos EE.UU. de Donald Trump está lejos de haber terminado. Después de que Washington, por boca de su embajador ante la UE - Andrew Puzder-, instara a ratificar ya el acuerdo comercial alcanzado con en Turnberry (Escocia) el verano pasado, bajo la amenaza de restringir el acceso de Europa al gas licuado estadounidense, el Parlamento Europeo acordó este jueves darle luz verde. Pero no de cualquier manera. La Eurocámara, por 417 votos a favor frente a 154 en contra y 71 abstenciones, decidió añadir varias salvaguardas al acuerdo: condicionando su entrada en vigor a la resolución del litigio sobre los aranceles norteamericanos que gravan el acero; limitando su vigencia a dos años, a partir de los cuales se revisaría, e introduciendo una cláusula que permitiría su suspensión en el caso de que Washington decidiera unilateralmente aplicar nuevos aranceles o tomara cualquier medida de extorsión contra la UE. Estos términos deberán ahora ser negociados con los 27 y, en su caso, habrá que ver si EE.UU. los acepta.

Otro acuerdo con Australia. Escarmentada por el maltrato comercial que le ha infligido su principal aliado, la UE ha multiplicado las negociaciones para cerrar acuerdos comerciales bilaterales con otros países y zonas del mundo, desde India a Indonesia, pasando por el Mercosur. Esta semana se ha cerrado también otro con Australia. El acuerdo de libre comercio con Canberra prevé suprimir prácticamente el 100% de los aranceles en los dos sentidos, aunque en el caso de las importaciones australianas a Europa se impondrán cuotas máximas en algunos productos lácteos, el azúcar o la carne bovina. El acuerdo, que alcanza también al suministro de minerales críticos -de algunos de los cuales Australia es un importante productor-, se complementa con otro acuerdo paralelo en materia de seguridad y defensa, que será el marco para una mayor cooperación en la industria militar y abrirá a los australianos la participación en el programa científico europeo Horizon.

Centros de deportación. El Parlamento Europeo, con el acuerdo de la derecha y la extrema derecha -y la oposición de los socialdemócratas-, aprobó asimismo dar luz verde a la propuesta, ya aprobada por los 27 en el Consejo Europeo, que abre la posibilidad a que los estados miembros creen centros de deportación de migrantes fuera de la Unión Europea, con el fin de facilitar las expulsiones. La iniciativa, que ha creado fuertes tensiones en el seno de la mayoría que sustenta a la Comisión de Ursula von der Leyen, se inspira en las medidas ya adoptadas en este sentido en Italia por el gobierno de Giorgia Meloni, que firmó con el gobierno de Edi Rama un acuerdo para la creación de dos centros de este tipo en Albania. De momento, sin embargo, diversas decisiones judiciales han hecho que estos centros estén prácticamente vacíos. La confluencia del PPE de Manfred Weber con los ultras en este asunto -llegando a mantener contacto con los neonazis de Alternativa para Alemania (AfD)- ha incomodado enormemente al canciller Friedrich merz, que no tardó en llamarlos al orden: “No trabajamos conjuntamente con los extremistas del Parlamento europeo”, advirtió.

 

 

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