lunes, 17 de noviembre de 2025

¡Vista a la derecha!

Newsletter ‘Europa’

El PPE rompe la mayoría europeísta y vota con la extrema derecha una reducción de las exigencias medioambientales

 

Ni cordón sanitario, ni cortafuegos, ni línea roja, ni nada de nada. La frontera política que históricamente había separado a la derecha europea de raíz democristiana de la extrema derecha quedó rota definitivamente este jueves en el Parlamento Europeo, cuando por primera vez el Partido Popular Europeo (PPE) sacó adelante una iniciativa legislativa con los votos de los ultras y en contra de sus aliados en la Eurocámara -socialistas, liberales y, ocasionalmente, verdes-. El PPE, comandado por el socialcristiano alemán Manfred Weber, ya había protagonizado un acercamiento declarado al grupo de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, los Conservadores y Reformistas Europeos (CRE), exponentes de una ultraderecha supuestamente más moderada y frecuentable. Pero esta vez fue más allá y sumó una nueva mayoría con el apoyo de los Patriots de Marine Le Pen, Viktor Orbán y Santiago Abascal.

El resultado de las elecciones del 2024 ofreció al PPE la oportunidad inédita de aplicar en el Parlamento Europeo una política de geometría variable en materia de pactos para sacar adelante sus propuestas. Partiendo de la mayoría histórica con socialistas y liberales, podía en un momento dado desembarazarse de las exigencias de sus aliados y buscar apoyo más a la derecha para determinadas cuestiones. Hasta ahora lo había probado con resoluciones o declaraciones inocuas, sin trascendencia jurídica. Esta semana, sin embargo, ha traspasado la línea y lo ha hecho por primera vez con un texto legislativo, elevando al máximo la tensión interna de la mayoría europeísta que sostuvo la reelección de Ursula von der Leyen al frente de la Comisión Europea.

El objeto de divergencia era la propuesta de la Comisión Europea para aligerar y simplificar las cargas burocráticas a las empresas europeas -con el fin de reforzar su competitividad-, lo que entre otras cosas afecta a determinadas obligaciones en materia medioambiental aprobadas en 2024. El Parlamento Europeo apoyó suprimir algunas de estas constricciones y limitar el número de empresas afectadas (aumentando el umbral mínimo de trabajadores): la propuesta fue aprobada por 382 votos -derecha y extrema derecha mezcladas- contra 249 y 13 abstenciones. Para los aliados europeístas del PPE fue como una traición. El eurodiputado socialdemócrata alemán René Repasi habló de “un día negro para la democracia europea”, mientras -por contraste- el líder del grupo Patriotas por Europa, el francés Jordan Bardella (del Reagrupamiento Nacional), se felicitaba abiertamente. “Esto no es más que el principio”, vaticinó.

El pasado mes de abril en Valencia, en el congreso del PPE en el que fue reelegido presidente, Manfred Weber hizo profesión de fe centrista, atacó a los extremismos y -salvando de la quema a los ultraconservadores que se declaran más o menos europeístas, como Meloni- puso como línea roja no pactar con la extrema derecha más ultramontana y antieuropeísta. De hecho, avaló el cordón sanitario aplicado a los ultras del FPÖ en Austria. Siete meses después, sus votos no parecen molestarle en absoluto.

Lo sucedido esta semana en la sede parlamentaria de Bruselas -no en el hemiciclo de Estrasburgo- se enmarca en un movimiento más amplio. Cada vez más, y con menos disimulo, las derechas europeas plantean la posibilidad de pactar con la extrema derecha, una corriente que ha alcanzado a dos países, como Alemania y Francia, que hasta no hace tanto tiempo parecían inasequibles a la tentación. El PP español, que había sido señalado como una oveja negra por pactar a nivel regional con una fuerza de extrema derecha como Vox, va camino de parecer un pionero…

En Alemania, el canciller y líder de la CDU, Friedrich Merz, mantiene formalmente su oposición a pactar con Alternativa para Alemania (AfD), que -más radical que los ultras franceses o españoles- tiene inquietantes resabios neonazis. Pero entre los democristianos germanos hay quienes empiezan a abogar por relajar el cordón sanitario (Brandmauer o cortafuegos, como se conoce allí) y pactar ocasionalmente con ellos. La prensa alemana destaca entre otros a Peter Tauber, secretario general del partido en la época de Angela Merkel, la presidenta del Bundestag, Julia Klöckner, o el jefe del grupo parlamentario de la CDU-CSU, Jens Spahn.

En Francia, el movimiento es anterior y mucho más diáfano. El acercamiento ideológico de los herederos del gaullismo hacia las posiciones de la extrema derecha empezó con Nicolas Sarkozy, quien ya rompió un primer tabú y se negó a avalar frentes republicanos en las segundas vueltas de las elecciones para frenar a los ultras. Pero el proceso se ha acelerado en el último año y medio. El anterior presidente de Los Republicanos, Eric Ciotti, encabezó en las elecciones anticipadas del 2024 una escisión para presentarse en coalición con el Reagrupamiento Nacional (RN) de Le Pen y Bardella, lo que le valió la expulsión del partido. Pero el actual, Bruno Retailleau, no está situado mucho más al centro y coquetea con la idea de una “unión de las derechas”.

El cordón sanitario se rompió definitivamente en Francia el pasado 30 de octubre, cuando la Asamblea Nacional aprobó por primera vez, por 185 contra 184 votos, una propuesta de resolución del RN (en este caso no vinculante, instando al Gobierno a denunciar el acuerdo firmado en 1968 con Argelia sobre el trato preferente a sus nacionales en materia de extranjería). La mitad de los parlamentarios de Los Republicanos y algunos del ala derecha del macronismo votaron a favor.

Lo más curioso de esta tendencia favorable a la confluencia de las derechas es que va creciendo a pesar de que todas las señales conocidas muestran que resulta letal para los conservadores. En Francia, la derecha gaullista, que dio cuatro presidentes a la V República (además del propio general De Gaulle: Pompidou, Chirac y Sarkozy), es hoy la cuarta fuerza política francesa, mientras que el otrora proscrito partido de Le Pen es la primera en votos y le triplica en número de diputados. Se los han comido. Como sucedió en Italia, donde la derecha populista de Silvio Berlusconi -que se hizo en los años noventa con el fondo de comercio de la antigua Democracia Cristiana- quedó laminada por el posfascista Hermanos de Italia de Giorgia Meloni, que hoy gobierna con una envidiada estabilidad.

En Alemania, donde el acercamiento a las tesis ultras -sobre todo, en materia de inmigración- ha sido más tardía, la situación no ha llegado todavía a ese punto, pero poco le falta. Los últimos sondeos colocan a AfD como primera fuerza con una expectativa de voto del 26%, un punto por encima de la CDU (25%), por lo que el sorpasso estaría a punto de producirse. En España, el PP todavía está muy por encima de Vox -que experimenta un claro ascenso-, pero le está cediendo peligrosamente la hegemonía ideológica. Si sigue así, solo es cuestión de tiempo.

 

APUNTES

No habrá guerra civil. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha cedido en algunos de sus planteamientos sobre el nuevo marco financiero plurianual con el objetivo de sofocar la rebelión de sus propias filas. Recordemos que la creación de nuevos fondos nacionales para reagrupar los programas ya existentes -desde el Fondo de Cohesión a la Política Agraria Común (PAC)- había generado un rechazo frontal de los grupos de la mayoría, desde los socialdemócratas a los verdes, pasando por los liberales y los propios populares. Para salvar la amenaza, la jefa del Ejecutivo comunitario ha propuesto reservar al menos un 10% de los fondos que recibirán los Estados a la agricultura y garantizar la plena participación de las regiones en la preparación, implementación y evaluación de los planes. El gesto fue agradecido pero no convenció a socialistas, verdes y liberales, que instaron a Von der Leyen a seguir negociando, pero sí a su correligionario, el líder del PPE, Manfred Weber, con lo que el conato de guerra civil ha quedado sofocado.

Escudo contra la desinformación. La Comisión ha preparado una estrategia para combatir la desinformación y las injerencias extranjeras -fundamentalmente rusas- que pretenden influir y adulterar los procesos democráticos en Europa en el marco de la guerra híbrida. Una de las propuestas de Bruselas es crear un Centro Europeo para la Resiliencia Democrática, que sirva para compartir información y desarrollar capacidades conjuntas para contrarrestar los intentos de manipulación. También propone crear una red de influencers para concienciar sobre la desinformación y elaborar una guía sobre el potencial uso e impacto de la Inteligencia Artificial en campañas electorales. Hace un año, el Tribunal constitucional de Rumanía anuló las elecciones presidenciales -que ganó un candidato ultraderechista y prorruso- a causa de las injerencias rusas en la campaña. Los comicios se repitieron el pasado mes de mayo.

Cacería humana. De forma semejante a la ficción del Juego del Calamar, donde ricos potentados pagaban sumas millonarias por ver el asesinato de decenas de personas en un juego siniestro, hombres adinerados de la alta sociedad italiana habrían pagado a principios de los años 90 por participar en el asesinato de ciudadanos bosnios durante el sitio de Sarajevo como francotiradores aficionados en una auténtica cacería de seres humanos. La Fiscalía de Milán ha abierto una investigación oficial sobre esta práctica a raíz de una denuncia presentada el periodista Ezio Gavezzani, que tuvo conocimiento de estos hechos durante la elaboración de un reportaje. Los participantes en estos macabros safaris, que llegaban a las colinas que rodeaban la capital bosnia de la mano de las milicias serbias del criminal de guerra Radovan Karadzic no eran solo italianos, sino que provenían de diferentes países europeos, entre ellos también España.


lunes, 10 de noviembre de 2025

Guerra civil en Bruselas

Newsletter ‘Europa’

Von der Leyen se enfrenta a la rebelión de sus huestes, capitaneadas por Manfred Weber

 

Con estos amigos, ¿quién quiere enemigos? Esto debe pensar estos días la presidenta de la Comisión Europea, la democristiana Ursula von der Leyen, que ha visto cómo los integrantes de la mayoría presidencial en el Parlamento Europeo -con su propio grupo, el Partido Popular Europeo (PPE), a la cabeza- le montaban una rebelión en toda regla y le amenazaban con hacer descarrilar el proyecto de marco financiero plurianual para el periodo 2028-2034, que alcanza un montante de 2 billones de euros. La oposición de socialistas, liberales y ecologistas a la propuesta presupuestaria de Bruselas implicaría ya de por sí una crisis de calado, pero el hecho de que el movimiento esté capitaneado por el propio grupo conservador lo convierte en una insurrección general.

Al frente de la sedición está el presidente del PPE y del grupo popular en la cámara de Estrasburgo, Manfred Weber, un viejo correligionario político y enemigo personal de Von der Leyen, a quien nunca ha perdonado que en 2019 le arrebatara el cargo de presidente de la Comisión Europea. El socialcristiano bávaro está empeñado en acotar el poder de su rival y reafirmar el suyo propio, como ya demostró hace un año con el bloqueo temporal -utilizando al PP español como ariete- del nombramiento de la socialista Teresa Ribera como vicepresidenta ejecutiva de la Comisión para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, que puso en peligro el pacto con socialistas y liberales.

En aquel envite, Weber consiguió que el bloque europeísta tragara con el nombramiento como vicepresidente ejecutivo de Cohesión y Reformas de Raffaele Fitto, del partido Hermanos de Italia de la primera ministra Giorgia Meloni, reforzando así su línea de aproximación al grupo de Conservadores y Reformistas Europeos (CRE), convertido en la extrema derecha frecuentable de la Eurocámara y con la que el PPE ha empezado a poner en práctica la configuración de una mayoría alternativa.

En este nuevo pulso por el presupuesto, Weber pretende -entre otras cosas- asegurar el control del Parlamento Europeo sobre la adjudicación de los fondos comunitarios. Y, más allá de eso, reforzar su poder como líder de la mayoría frente a la presidenta de la Comisión.

El gran objeto de controversia alrededor del proyecto de marco financiero es el radical cambio que Von der Leyen quiere aplicar a los fondos comunitarios. La propuesta de Bruselas es refundir los actuales fondos sectoriales en 27 fondos nacionales, sobre los que los Estados -que recibirían un pago único después de pactar una especie de contrato-programa con la Comisión- tendrían un mayor poder de decisión. Una reforma que, según defiende el gabinete de Von der Leyen, trata de satisfacer las peticiones de mayor flexibilidad históricamente planteadas por los gobiernos. Pero que dista mucho de contentar a todo el mundo.

En ese paquete, que Bruselas pretende dotar con 865.000 millones de euros a repartir entre los 27, estaría todo junto y revuelto, desde el Fondo de Cohesión a los fondos de la Política Agraria Común (PAC), lo que ha soliviantado a regiones y agricultores -ya de por sí sublevados por las restricciones medioambientales y el acuerdo comercial con el Mercosur- , y a países del sur de Europa como España. Los afectados temen perder parte de lo que tienen garantizado hasta ahora -dejándolo al albur de cada gobierno- y los más europeístas lamentan que la Comisión renuncie a una política común y avale su fragmentación nacional.

El rechazo en el Parlamento Europeo ha sido tan general que ha puesto sordina a las crecientes tensiones que ponen diariamente a prueba a la mayoría presidencial. Esta vez, frente a Von der Leyen, no ha habido fisuras. Los cuatro grupos del arco europeísta -populares, socialdemócratas, liberales y ecologistas- dirigieron la semana pasada una carta a la presidenta del Ejecutivo comunitario en la que mostraban su oposición a la fusión del Fondo de Cohesión y la PAC, y le instaban a revisar su propuesta bajo amenaza de tumbar la totalidad de su proyecto de marco financiero, lo que implicaría una grave desautorización de la Comisión. Los insurgentes pusieron como fecha límite el 12 de noviembre.

Los contactos mantenidos esta semana por ambas partes no han permitido, hasta ahora, alcanzar un acuerdo que permita evitar el choque. La Comisión, sin embargo, ha dado muestras de ductilidad y fuentes comunitarias dan por hecho que el comisario de Agricultura y Alimentación, Christophe Hansen, presentará una propuesta para tratar de salir del atolladero. Está por ver que sea suficiente para poner fin al conato de guerra civil en Bruselas.

 

APUNTES

 De progresa adecuadamente a debe mejorar. Este martes la Comisión Europea hizo público su informe anual sobre el proceso de ampliación de la UE a nuevos países en la perspectiva del año 2030. Presentado por la responsable de la política exterior europea, Kaja Kallas, y la comisaria de Ampliación, Marta Kos, el informe valora los esfuerzos de reforma de Montenegro -país en cabeza para convertirse muy probablemente en el miembro 28º de la Unión- y Albania, mientras deplora los retrocesos democráticos de Serbia y Georgia. Ucrania y Moldavia también han avanzado en su camino hacia la adhesión, pero para ello subsisten todavía importantes dificultades (en el primer caso, a causa de la guerra y del veo de Hungría). Más lejos lo tienen Macedonia del Norte, Bosnia-Herzegovina o Kosovo (que no tiene rango de candidato oficial), mientras el caso de Turquía sigue congelado.

Acuerdo de compromiso sobre el clima. La UE acude a la cumbre del clima de Brasil, COP30, que empieza oficialmente el próximo lunes, habiendo salvado una posición común, lo que no ha sido fácil dadas las crecientes divergencias entre los 27 sobre los ritmos de la acción europea contra el cambio climático. Los ministros comunitarios de Medio Ambiente alcanzaron la madrugada del miércoles un acuerdo por el cual la UE mantiene formalmente su objetivo de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero para el 2040 en un 90% (respecto a 1990), pero abriendo la puerta a que los países puedan cubrir hasta un 5% de sus objetivos mediante la adquisición de créditos de carbono y que Bruselas reevalúe la situación cada cinco años.

Una de cal y otra de arena. El triunfo del multimillonario trumpista Andrej Babis en las elecciones de la República Checa del pasado 4 de octubre fue un jarro de agua fría para los europeístas, que se ha visto confirmado ahora con la firma, el pasado lunes en Praga, de un pacto de coalición con la ultraderecha y con un partido eurófobo de conductores. La República Checa amenaza así con alinearse con el frente ultra formado Hungría y Eslovaquia. En contraste con esto, las elecciones anticipadas en los Países Bajos, dieron la sorpresa el pasado 29 de octubre al coronar como vencedor al partido liberal progresista D66 de Rob Jetten, que ganó por un pequeño margen -aunque empatando a escaños- al ultraderechista Partido de la Libertad (PVV) de Geert Wilders.

 

 

La pasión francesa de Trump

Visión periférica

Desfile militar en Washington, salón de baile y molduras doradas en la Casa Blanca, gran Arco de Triunfo como el de París... Donald Trump se ha lanzado a adoptar el boato y los símbolos de poder de la Francia republicana y napoleónica.

 

El 14 de julio del 2017, apenas iniciado su primer mandato como presidente de Estados Unidos, Donald Trump recibió una vivísima impresión en París. Invitado de honor de Emmanuel Macron con motivo de la Fiesta Nacional francesa –lo que coincidía además con el año del centenario de la entrada en guerra de EE.UU. en Europa en la primera gran conflagración mundial–, el presidente norteamericano asistió deslumbrado al tradicional desfile militar por los Campos Elíseos, en el que en aquella ocasión participaron también unidades estadounidenses. “¡Magnífico!”, exclamó, seducido por el toque de grandeur francés, mientras agradecía las deferencias de su anfitrión (que incluyó una cena privada de ambos mandatarios con sus cónyuges, Brigitte y Melania, en el restaurante Jules Verne de la torre Eiffel)

Trump sintió inmediatamente el deseo de organizar un desfile militar en Washington y emular al de los franceses. “(Contemplar) esa potencia militar es algo formidable para Francia. Tendremos que intentar hacerlo mejor”, dijo en aquel momento. El desfile del 14 de Julio es una tradición antigua, se remonta al año 1880, coincidiendo con la instauración como día de la fiesta nacional  el de la toma de la Bastilla en la Revolución Francesa de 1789. No había una tradición similar en EE.UU. y, probablemente por ello, Trump no pudo hacer realidad en ese momento su deseo. Pero en su segundo mandato lo ha conseguido.

El 14 de junio de este año, unos 6.000 soldados, 150 vehículos y 50 aviones desfilaron –o sobrevolaron– la avenida de Pensilvania, en Washington, oficialmente en conmemoración del 250º aniversario de la creación de las fuerzas armadas estadounidenses (y oficiosamente como regalo por el 79º cumpleaños del presidente). El acto no tuvo el brillo esperado por el inquilino de la Casa Blanca. El público asistente fue escaso –sobre todo en comparación con los manifestantes que en las calles de EE.UU. protestaban en su contra al grito de “Reyes, no”– y los soldados estadounidenses, extremadamente bien entrenados para el combate, demostraron poca instrucción para desfilar.

La iniciativa, criticada por sus oponentes tanto por su coste como por su utilización política, es solo una muestra, pero no la única, de la inclinación de Trump por reproducir en EE.UU. algunos de los signos de pompa y boato que Francia ha conservado de sus épocas imperiales.

Poco antes de la parada militar, el mes de mayo, el presidente sorprendió a todo el mundo con la ostentosa redecoración del Despacho Oval de la casa Blanca, otrora un espacio austero, que de repente apareció plagado de molduras y apliques dorados en todas las paredes. El gusto más bien kitsch del presidente de EE.UU. por el color dorado –común a muchos otros multimillonarios norteamericanos– es conocido, aunque en este caso  es difícil no pensar también en cierta influencia francesa. Como si la Casa Blanca quisiera transmutarse en el Palacio del Elíseo...

Otra señal que afianza esa idea ha sido su brutal decisión de demoler completamente el ala Este de la Casa Blanca –de la que ya no queda nada– para construir un enorme salón de baile, recreación de algún modo del que hay en el Elíseo. El Salon des Fêtes del palacio presidencial francés, de una magnificencia versallesca, fue inaugurado con motivo de la Exposición Universal de París de 1889 (cuando se erigió la torre Eiffel) y desde entonces es lugar habitual de recepciones de Estado y otros actos institucionales. Sus 600 metros cuadrados, sin embargo, palidecerán ante la mole de 8.300 metros cuadrados proyectada por Trump. La acción del presidente estadounidense ha levantado fuertes críticas, tanto por el impacto arquitectónico de la obra –sobre un edificio histórico que data de finales del siglo XIX– como por su elevado coste –300 millones de dólares, que la presidencia asegura que costearán donantes privados–.

El fervor afrancesado de Trump culminará –al menos, ese es su proyecto– con la construcción a orillas del río Potomac, frente al Monumento a Lincoln y cerca del Cementerio Nacional de Arlington, de un colosal Arco de Triunfo a imagen y semejanza del que el emperador Napoleón I ordenó levantar en París en los Campos Elíseos, inspirándose en los arcos de la Antigua Roma, para glorificar sus victorias militares en Europa. Como el de París, el arco de Trump sería de estilo neoclásico y, a diferencia de este, en lo alto añadiría una figura femenina alada, imagen de la diosa romana de la Victoria.

Poco ha trascendido del proyecto, salvo las maquetas que él mismo ha enseñado. Su intención es inaugurarlo para el 250º aniversario de la fundación de EE.UU., en julio del año que viene, un calendario muy apretado que no tiene para nada en cuenta los condicionantes legales para construir en una zona protegida como esa. Nada se sabe, por ejemplo, de su coste, que el presidente sugiere que pagará con el mismo fondo de donantes privados del salón de baile. Ni de las dimensiones. El propio Trump ha explicado que hay tres versiones –pequeña, mediana y grande– y confesó su preferencia. ¿Adivinan? La grande, claro: “Se ve mejor”, dijo.

La fascinación de Trump por los símbolos externos del poder napoleónico tiene una correspondencia directa con su atracción por la figura política del hombre fuerte, capaz de gobernar sin ningún tipo de ataduras. “Quien salva a su país no viola ninguna ley”, escribió meses atrás el presidente de EE.UU. tomando prestada una frase de Napoleón. El francés llevó su ambición hasta el extremo de coronarse emperador. La Constitución de 1804 lo sancionó con estas paradójicas palabras: “El gobierno de la República es confiado a un emperador”. ¿Podría acabar pasando algo así con la República norteamericana?


lunes, 27 de octubre de 2025

Una mosca en la Casa Blanca

Newsletter 'Europa'

Los giros constantes e imprevisibles de Trump sobre la guerra de Ucrania descolocan a los países europeos

 

En 1897, el biólogo y botánico escocés John Brown estaba examinando un grano de polen en el agua bajo las lentes del microscopio cuando detectó que determinadas partículas se movían de forma aleatoria y caótica. El fenómeno, conocido hoy como movimiento browniano, sirve desde entonces -más allá de sus aplicaciones prácticas en medicina y física- para caracterizar situaciones o comportamientos anárquicos. Julio Cortázar lo utilizó de manera sublime en su gran novela Rayuela (1963) para describir los encuentros y desencuentros de dos amantes: “Vamos componiendo una figura absurda, dibujamos con nuestros movimientos una figura idéntica a la que dibujan las moscas cuando vuelan en una pieza, de aquí para allá, bruscamente dan media vuelta, de allá para aquí”.

La metáfora es aplicable a un sinfín de situaciones. Pero pocas son tan merecedoras de esta descripción como la actual política exterior de Estados Unidos y, muy particularmente, la forma desconcertante con que el presidente Donald Trump ha abordado hasta ahora la guerra de Ucrania. Para perplejidad y desesperación de los dirigentes europeos, marginados una y otra vez por su aliado trasatlántico.

Cual una mosca inquieta e imprevisible, Trump ha pasado en escasas semanas de vaticinar una derrota de Rusia y valorar la posibilidad de suministrar misiles de largo alcance a Ucrania a instar -en un giro espectacular- al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, a rendirse a las exigencias territoriales de Moscú -o ser “destruido”-, para acabar finalmente abortando una futura cumbre con su homólogo ruso, Vladímir Putin, y aprobar sanciones económicas de incierto alcance contra Rusia.

“Cada vez que hablo con Vladímir, tengo buenas conversaciones y luego no llegan a nada”, ha admitido esta semana el presidente norteamericano -entre exasperado e impotente- recordando la cumbre de Alaska del mes de agosto entre ambos mandatarios. Hoy, como entonces, Trump asume las reclamaciones territoriales de Putin en Ucrania -quedarse todo el Donbass, incluidas aquella parte que no ha logrado conquistar en más de tres años de guerra- como condición para alcanzar la paz, pero a cambio el líder ruso no le ofrece absolutamente nada. La reiterada negativa del Kremlin a aceptar un alto el fuego inmediato le ha sacado de sus casillas.

La última secuencia empezó hace hoy una semana con una nueva reunión entre Trump y los más destacados miembros de su gabinete con una delegación ucraniana encabezada por Zelenski en la Casa Blanca. Esta vez no hubo humillación pública, pero de puertas adentro las cosas fueron más bien ásperas. Si una imagen pudiera simbolizar el tenor de la reunión es la del secretario del Departamento de Guerra -antaño, de Defensa-, Pete Hegseth, luciendo una corbata con los colores de la bandera rusa: blanco-azul-rojo (en Amazon pueden encontrarse diferentes modelos de esta prenda por 9,15 euros, pero seguro que la de Hegseth era más cara)

Zelenski acudió a la reunión confiando en que su interlocutor aceptaría su petición de suministrarle los poderosos misiles Tomahawk -con un alcance de entre 1.600 y 2.500 kilómetros, capaces de llegar a Moscú, y muy difíciles de detectar-, que le permitirían forzar a Putin a negociar y poner fin a la guerra. Pero se encontró con un Trump dando largas -para evitar una “escalada”- y alineándose con las posiciones del Kremlin.

La explicación no era un secretario para nadie. La víspera, viendo el peligro, Putin tomó el teléfono y llamó a Trump, a quien logró atraer de nuevo a su terreno. La conversación entre ambos, de más de dos horas, fue calificada por la Casa Blanca de “buena y productiva”, hasta el punto de anunciar la celebración de una cumbre entre los dos mandatarios en la capital de Hungría, Budapest -para mayor humillación europea-, en el plazo de dos semanas. Poco duró el encantamiento, sin embargo, y el martes Trump dio la cumbre por suspendida: “No quiero perder el tiempo”, dijo. Encastillado en el Kremlin, Putin probablemente menospreció el efecto que tendría en la personalidad vanidosa de Trump su falta absoluta de concesiones.

En lugar de limitarse a expresar su queja, el presidente de EE.UU. ha querido mostrar esta vez su enfado adoptando medidas de presión y ha anunciado la imposición de sanciones a todo aquel particular o empresa que compre -o utilice dólares para comprar- petróleo a las compañías rusas Rosneft y Lukoil, un sector extremadamente sensible del que depende buena parte de los ingresos que permiten a Moscú financiar la guerra. La medida, también adoptada por el Reino Unido, tendrá un efecto inapreciable en EE.UU., que apenas tiene intercambios de este tipo con Rusia. Pero puede afectar a terceros. ¿Hasta qué punto? No está claro.

La agencia Reuters avanzó ayer que, cautelarmente, las grandes petroleras estatales chinas han decidido suspender las compras de crudo a las dos compañías rusas (aunque solo el petróleo transportado por mar, que no es la mayoría) y lo mismo se disponen a hacer las grandes refinerías indias. Sin embargo, algunos analistas creen que Moscú encontrará caminos alternativos -vía intermediarios- y sus consecuencias serán mínimas.

La Unión Europea, mientras tanto, aprobó ayer el 19º paquete de sanciones contra Rusia, después de que Eslovaquia -esta vez, el húngaro Viktor Orbán delegó el papel de díscolo en Robert Fico- levantara su veto. Los 27 acordaron prohibir la importación de gas natural licuado ruso en el 2027 -un año antes de lo previsto- y abordaron la discusión sobre el uso de los haberes rusos congelados en Europa para ayudar a Kyiv. Con esta garantía, y a cuenta de futuras reparaciones de guerra que Moscú eventualmente debería pagar, Bruselas propone conceder a Ucrania un préstamo de 140.000 millones de euros. Antes, sin embargo, habrá que vencer la resistencia de Bélgica, donde están la mayor parte de los activos rusos y que reclama a sus socios garantías para compartir los riesgos.

La financiación de la ayuda militar a Ucrania es más crucial que nunca, después de que EE.UU. se haya desentendido. La ayuda europea concedida desde el inicio de la guerra en 2022 ya supera a la norteamericana -180.000 frente a 114.000 millones de euros- y esa diferencia no va sino a aumentar. Algunos países, como Francia, insisten en que el gasto sirva para alimentar la industria de defensa europea, pero lo cierto es que los países europeos ya están pagando -y España se ha comprometido a hacer lo propio- para comprar armas a EE.UU. y entregárselas al Gobierno de Kyiv. Lo ha reiterado Trump esta semana: la guerra de Ucrania ya no les cuesta nada. Y además hacen negocio.

 

Adiós a ‘Mamma Erasmus’. La pedagoga italiana Sofia Corradi, inspiradora del programa de intercambio de estudiantes europeos Erasmus, murió el sábado pasado en Roma a los 91 años de edad. Corradi, conocida como ‘Mamma Erasmus’, presentó por primera vez su plan de intercambio de estudiantes en 1969 ante la Asamblea General de Rectores de las Comunidades Europeas, pero no fue implantado hasta 1987, bajo la presidencia de turno española y con el compromiso decidido del entonces comisario europeo de Educación, el español Manuel Marín. Desde entonces, unos 16 millones de universitarios han participado en el programa, que ha hecho más que ningún otro por la integración europea.

Un expresidente en prisión. Situación inédita en Francia, el expresidente Nicolas Sarkozy ingresó el martes en prisión para cumplir la condena de cinco años de cárcel que le impuso el Tribunal Penal de París por un delito de asociación de malhechores en un intento de lograr financiación irregular del dictador libio Muamar el Gadafi en la campaña electoral del 2007. El exmandatario tiene una celda individual, permanece aislado de los demás reclusos y goza de la protección de dos guardaespaldas. La condena no es firme, por lo que sus abogados esperan conseguir pronto su libertad condicional. Sarkozy es el primer presidente de la V República en ser encarcelado. Jacques Chirac fue condenado -también por financiación irregular- pero por su edad y estado de salud no llegó a ingresar en prisión.

 

lunes, 20 de octubre de 2025

Operación cabezas de cerdo

'Visión periférica'

Más allá de los drones, la guerra híbrida de Rusia se libra en las redes. Agentes rusos multiplican las provocaciones y las operaciones masivas de desinformación con el fin de socavar el apoyo a Ucrania y desestabilizar a los países europeos.

 

El 9 de septiembre, unos desconocidos depositaron nueve cabezas de cerdo frente a otras tantas mezquitas de París y su región, en lo que inicialmente se interpretó como un ataque islamófobo en un momento de creciente tensión social e intercomunitaria en Francia. La acción, difundida por los autores a través de las redes sociales –como era su fin–, causó consternación general y a la izquierda radical le faltó tiempo para acusar a la extrema derecha. Pero no era tal.

A la policía no le costó mucho seguir la pista de los provocadores, unos aficionados –muy probablemente reclutados por cuatro cuartos– que habían viajado a Francia con un coche de matrícula serbia. Veinte días después, la policía serbia detuvo a 11 personas de esta nacionalidad en Belgrado y otras poblaciones, acusadas de llevar a cabo esta y otras operaciones similares en Francia y en Alemania. El organizador, identificado, logró darse a la fuga.

El Ministerio del Interior serbio les acusa de organizar acciones de carácter provocador con el objetivo de “incitar al odio, la discriminación y la violencia” atizando las diferencias nacionales, étnicas o religiosas (en abril, el mismo u otro grupo había tirado pintura sobre el Memorial de la Shoa y varias sinagogas de la capital francesa y dejado mensajes antisemitas). Los detenidos habrían actuado, según la policía serbia, por encargo de “un servicio de información extranjero”. Los investigadores franceses apuntan al servicio militar ruso GRU.

Los ataques dirigidos a desestabilizar desde el interior a los principales países europeos responden a uno de los objetivos de la guerra híbrida lanzada por Moscú, que más allá de las violaciones del espacio aéreo de la OTAN –un viejo hábito de la guerra fría– tiene su principal campo de batalla en las redes sociales a través de campañas de desinformación, con la propagación masiva de bulos y falsedades.

“Mientras la atención de Europa se centra, con razón, en la construcción de barcos, tanques y drones, otra forma de guerra está socavando los cimientos de nuestras democracias, no con misiles, sino con mensajes”, escribe Chris Kremidas-Courtney, investigador del European Policy Centre, quien subraya que estamos ante una operación de influencia “diseñada para corroer la confianza, secuestrar la realidad y transformar la opinión pública en Europa y Norteamérica”.

Gran parte de este flujo de información falsa difundido desde Rusia alude a la guerra de Ucrania (en septiembre, por ejemplo, la propaganda rusa saturó las redes acusando a Kyiv de los drones rusos que invadieron el espacio aéreo de Polonia), pero otra parte busca socavar la cohesión interna de las sociedades occidentales. Uno de los vehículos más activos es el bautizado como operación Storm 15-16, cuyo objetivo principal es desacreditar a Ucrania y tratar de erosionar el apoyo occidental a Kyiv. Desde que empezó a funcionar, en agosto de 2023, ha realizado 77 operaciones de desinformación contra Europa. “Lo que hace que Storm 15-16 sea más peligroso que esfuerzos anteriores es su escala industrial y su evolución tecnológica”, advierte Kremidas-Courtney.

La operación Storm 15-16 es un modus operandi de desinformación “particularmente virulento”, constata por su parte un informe del pasado mes de mayo del Ministerio de los Ejércitos francés, según el cual esta operación está “orquestada  directamente por la inteligencia militar rusa (GRU)”. Storm 15-16 no actúa en solitario, sino coordinadamente con otras organizaciones como la Agencia de Diseño Social y la red Portal Kombat, con un triple objetivo: “polarizar a la sociedad, debilitar el apoyo a Ucrania y fracturar la cohesión nacional”. Entre sus acciones destaca la difusión, en enero, de un supuesto vídeo del grupo yihadista Hayat Tahrir al-Cham amenazando con incendiar la catedral de Notre Dame si Francia no liberaba al autor del atentado en la basílica de Niza en 2020. “El efecto deseado de estas operaciones –dice el informe– reside menos en la persuasión inmediata que en el deseo de crear una niebla informativa persistente para, en última instancia, corromper la verdad”.

En la primera mitad del año, la plataforma Portal Kombat publicó casi un millón de artículos con información falsa, redactados por IA y luego traducidos masivamente. En paralelo, la Agencia de Diseño Social (SDA), una supuesta agencia de comunicación política, produjo entre enero de 2023 y abril de 2024, casi 140.000 piezas de contenido: desde artículos generados por IA a memes, vídeos manipulados, deepfakes y otros.

El grupo Cassini, un equipo de investigadores europeos que se dedica a cartografiar la estrategia de desestabilización promovida por Rusia, detectó en 2024 hasta 115 acciones de todo tipo con este objetivo, más de la mitad en Alemania y Francia. “Más que nunca, las acciones ‘híbridas’ de Rusia en el continente europeo acaparan titulares. Ya se trate de sabotajes, maniobras informativas o actos vandálicos, estas acciones suelen ser tratadas por separado en los medios –explican–. Se acumulan, formando una especie de bombardeo permanente cuyo objetivo es provocar una sensación de saturación y ansiedad en la opinión pública”.

El viernes 10 de octubre, un sacristán de la catedral de Notre Dame de París halló entre los cirios una carta anónima, escrita a máquina, en la que se advertía de un inminente atentado e instaba a cerrar el templo ese fin de semana. “No abran la catedral, habrá visitantes extranjeros que, con la ayuda de otros visitantes, ya han escondido cuchillos en la catedral en los últimos días y causarán una masacre. Por favor, no abran la catedral”, decía el mensaje. Una discreta inspección policial, sin cerrar el templo, no dio resultado alguno. ¿Broma de mal gusto de un chiflado? ¿O una acción más de guerra híbrida?

El campo entra en combustión

Newsletter ‘Europa’

El acuerdo comercial con Mercosur y el recorte de la PAC encrespan a los agricultores europeos

 

Desde que Estados Unidos se ha convertido, con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, en un aliado poco de fiar y un adversario comercial inclinado a la extorsión, Europa busca denodadamente nuevos mercados para compensar el retroceso de las exportaciones a EE.UU., gravadas ahora por unos aranceles generales del 15% y un dólar depreciado. De ahí la importancia del tratado comercial suscrito, tras veinticinco años de negociaciones, con los países del Mercosur -Argentina, Brasil, Paraguay e Uruguay, un mercado de más de 700 millones de consumidores-, que puede incrementar las exportaciones europeas en un 39%, hasta los 49.000 millones de euros anuales.

Sin embargo, no todo es tan bonito como parece. No para todo el mundo, al menos. El acuerdo es muy positivo para la industria europea -de ahí la presión de Alemania por aprobarlo-, pero amenaza con tener efectos negativos para la agricultura y la ganadería, que ya tienen que remontar los aranceles norteamericanos y pronto verán además cómo se recortan las ayudas comunitarias de la Política Agraria Común (PAC). El campo europeo ha empezado a entrar en combustión.

Los agricultores llevan tiempo en pie de guerra. Hace dos años ya organizaron amplias movilizaciones -en Alemania, España, Francia, Países Bajos- contra las medidas medioambientales de Bruselas, algunas de las cuales consideraban lesivas para sus intereses. Hoy el comercio exterior, con el proteccionismo de EE.UU. y la apertura de las fronteras europeas a los productos cárnicos y agrícolas sudamericanos, es el nuevo frente de batalla. Las organizaciones agrarias europeas organizaron una jornada de protesta en Bruselas este verano, mientras los agricultores franceses -secundados en algún caso por los alemanes- han salido ya tres veces a la calle este otoño. Y la protesta tenderá a crecer.

Francia es con diferencia el país donde más rechazo político suscita el acuerdo comercial con el Mercosur -que también genera fuerte oposición en Italia, Países Bajos o Polonia-. La mayoría de los partidos políticos franceses está en contra. Y una llamativa muestra de ello es que cuatro eurodiputados franceses del Partido Popular Europeo (PPE) votaron, por este motivo, a favor de una de las dos mociones de censura contra la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen -correligionaria suya-, debatidas el pasado día 9 en la cámara de Estrasburgo.

A principios de septiembre, casi un año después de la firma en Montevideo, la Comisión lanzó el proceso de ratificación del tratado, después de convencer al presidente francés, Emmanuel Macron, de que se adoptarían cláusulas de salvaguarda para proteger a los agricultores europeos de una eventual avalancha de productos del Mercosur.

Estas medidas, dadas a conocer la semana pasada, se activarían en el caso de que los precios de los productos importados cayeran al menos un 10 % por debajo de los precios de la UE, o que las importaciones en condiciones preferenciales aumentaran más de un 10 % anual. En caso de perjuicio grave, los aranceles preferenciales podrían retirarse temporalmente. Y productos como la carne de vacuno, las aves de corral, los huevos, el arroz, la miel, los ajos, el etanol y el azúcar estarán particularmente vigilados.

Nada de ello ha servido, por el momento, para tranquilizar a los sectores afectados y tampoco para ampliar el apoyo político al tratado. Por el contrario, Macron -cuyo gobierno es extremadamente débil- es cada vez más contestado en este terreno. La UE no necesita la unanimidad de los 27 para ratificar al acuerdo, basta con una mayoría cualificada (al menos 15 estados que representen como mínimo el 65% de la población comunitaria). Pero ¿puede llevarlo adelante con la oposición frontal, política y social, de Francia, donde la extrema derecha está al acecho?

El otro frente, será el futuro de las ayudas europeas al campo. Tal como están las cosas actualmente, la Comisión propone lisa y llanamente la eliminación de la PAC -así como de los Fondos de Cohesión- y la redistribución de ambos fondos en nuevos paquetes de ayuda específicos para cada país, lo que en la jerga comunitaria han bautizado como el “sobre nacional”. Este cambio radical no solo implica una renuncia a mantener una política agraria común -puesto que cada uno de los 27 estados podrá aplicar el fondo de ayuda a su manera-, sino que además esconde, o al menos eso parece, importantes recortes.

El proyecto de marco financiero plurianual 2028-2034 asciende a unos 2 billones de euros, de los que 865.000 millones de euros serían para dotar los nuevos Planes de Asociación Nacionales y Regionales (donde se fusionarían la política agrícola y los fondos de cohesión). Ello podría repercutir en la práctica, según cálculos del grupo socialista del Parlamento Europeo y del propio sector agrario, en una sustancial rebaja del 20% del dinero de la PAC. Otros especialistas, como Alan Matthews, profesor emérito de Política Agrícola Europea en el Trinity College de Dublín, citado por Politico, cifra la posible reducción en el 15 %.

Bruselas niega el recorte, aduciendo que junto a las ayudas reservadas directamente para el campo hay otras partidas que cada país podrá atribuir -o no- a la agricultura. Si la refundición de ayudas es algo más que un artificio para enmascarar una reducción de la PAC y el Fondo de Cohesión, el tiempo lo dirá. En todo caso, lo que ha emergido ya con claridad es que la UE tiene sobre la mesa una nueva prioridad, política y económica: la defensa. Y esa apuesta irá en detrimento de otras.

 

APUNTES

Schengen militar. La Comisión Europea ha propuesto, dentro de su hoja de ruta de la defensa, la creación de una red de rutas terrestres, aéreas y marítimas para desplazar tropas y equipos rápidamente por toda Europa en caso de crisis, lo que en Bruselas han bautizado ya como un espacio Schengen de los ejércitos. La Comisión ha identificado más de 500 proyectos “prioritarios” -que costarían 100.000 millones de euros- para eliminar los obstáculos encontrados en cuatro corredores específicos de movilidad militar. La hoja de ruta incluye también los proyectos de bandera, o ‘flagship projects’, como el ‘muro de drones’, para promover la cooperación voluntaria de varios países en proyectos comunes.

Convidados de piedra. Varios líderes europeos, de Friedrich Merz a Emmanuel Macron, de Keir Starmer a Giorgia Meloni y Pedro Sánchez, fueron invitados al acto solemne organizado en Egipto para formalizar el alto el fuego en Gaza entre Israel y Hamas, a mayor gloria del gran hacedor, el presidente de Estados Unidos. Donald Trump quería su presencia -ojo, en ningún caso la de dirigentes de la UE como tal- para subrayar el aplauso mundial a su iniciativa de paz, pero en la práctica ha dejado a los europeos absolutamente al margen. La Unión es uno de los mayores contribuyentes en ayuda humanitaria a Palestina (más de 1.250 millones de euros desde el 2000) y ahora propone participar en la reconstrucción de Gaza. Si EE.UU. y sus interese inmobiliarios le dejan.

Resurrección de Lecornu. Hace justo una semana, este boletín consignaba la renuncia del enésimo primer ministro francés, Sébastien Lecornu -cuyo gobierno había durado solo 14 horas, un récord-, y el inminente nombramiento de su sustituto por el presidente Emmanuel Macron. Sorpresa tras sorpresa, el elegido fue otra vez Lecornu -pese a que él mismo había dado por acabada su “misión”-, solo que esta vez, y a pesar de la enorme fragilidad del nuevo Ejecutivo, el arranque parece más prometedor. A cambio de suspender la aplicación de la controvertida reforma de las pensiones, el nuevo primer ministro consiguió la benevolente abstención del PS en sus dos primeras mociones de censura.

 

 


lunes, 13 de octubre de 2025

Francia en su bucle

Newsletter ‘Europa’

La crisis política francesa se agrava y deja a Macron extremadamente debilitado en un delicado momento para Europa

 

A Emmanuel Macron se le ha pegado la crisis política a la piel como al capitán Haddock el pertinaz esparadrapo de El efecto Tornasol. Al igual que el amigo del célebre Tintin, que en su intento de deshacerse del apósito lo va enganchando a todos los que tiene alrededor para que al final vuelva irremisiblemente a él, el presidente francés gira y gira en un bucle interminable intentando -infructuosamente- salir de la crisis en la que él mismo sumió al país con su decisión de disolver la Asamblea Nacional y convocar elecciones anticipadas en el verano de 2024. Desde entonces, la vida política francesa -y, por ende, la europea- es un sinvivir.

El anuncio de cada nuevo Gobierno en Francia sigue siempre el mismo patrón: el secretario general del Elíseo sale al patio central del palacio presidencial y, desde lo alto de la escalinata, o a veces en una sala interior, va desgranando los nombres de los nuevos ministros. Al día siguiente, en cada ministerio se producen los relevos, con sonrisas, discursos, aplausos y algún llanto de despedida (al menos, cuando los ministros duraban)

El pasado domingo, 5 de octubre, siguiendo la costumbre, el secretario general del Elíseo, Emmanuel Moulin, leyó el nombre de los 18 ministros del nuevo gabinete de Sébastien Lecornu, designado primer ministro el 9 de septiembre anterior. Faltaban pocos minutos para las 8 de la tarde -siempre al caer la noche, otro hábito- y todo parecía arrancar, una vez más, como siempre. Salvo que esta vez el nuevo Gobierno iba a tener el recorrido más corto de la historia de la V República y más allá: catorce horas después, Lecornu presentaba su dimisión al presidente y, con ella, la del nuevo Ejecutivo. Más fugaz que un relámpago.

Las disensiones en el seno de la propia mayoría presidencial mataron al nuevo Gobierno prácticamente en el huevo. Disensiones más oportunistas que políticas, todo hay que decirlo. Cada vez falta menos para la próxima elección presidencial -en la primavera del 2027-, Macron no puede volver a presentarse y todos los barones y aspirantes del llamado núcleo común intentan tomar posiciones en la parrilla de salida. Quien primero rompió las hostilidades fue el ministro del Interior, Bruno Retailleau, líder de Los Republicanos (la última marca de la derecha gaullista de toda la vida, aunque más ultra que nunca), responsable principal de esta enésima crisis. Pero pronto le siguieron dos ex primeros ministros, Gabriel Attal y Édouard Philippe, que se mostraron críticos con el presidente (y el segundo de ellos le instó directamente a presentar también la dimisión)

El apenas nato gobierno de Lecornu era el quinto del segundo mandato presidencial de Emmanuel Macron y el tercero desde que -en una apuesta suicida por recuperar la mayoría absoluta perdida en 2022- convocara elecciones anticipadas y acabara todavía peor de lo que estaba, dejando un cuadro ingobernable. Desde entonces, Macron ha tratado infructuosamente de seguir gobernando sobre la base de una alianza entre su coalición de centro liberal y la derecha republicana, una mayoría insuficiente que ha chocado con la oposición de los dos principales grupos de la cámara: la coalición de izquierdas Nuevo Frente Popular (NFP) y la extrema derecha del Reagrupamiento Nacional (RN)

Lecornu, en un último servicio a Macron, ha logrado reunir un consenso mayoritario -excluido el RN- para evitar nuevas elecciones anticipadas en este momento, por lo que el nombramiento de un nuevo primer ministro es inminente. Pero los obstáculos para el nuevo Gobierno -que tiene la imperativa obligación de aprobar un nuevo presupuesto- serán los mismos.

La inestabilidad francesa, de importantes consecuencias para Europa, es algo más que el fruto del empecinamiento de una persona -que también-. Es el resultado del colapso definitivo del régimen presidencialista de la V República, que hasta ahora había garantizado gobiernos y mayorías sólidas y que, en una situación de fragmentación como la actual, no responde. Casi siete décadas con este sistema de poder vertical, de ordeno y mando, han generado además una clase política incapaz para el compromiso y el pacto que dificulta enormemente la salida de la crisis.

Las coaliciones son la receta más común de gobierno en Europa. Al margen de Grecia y de Hungría, el resto de países de la UE están gobernados hoy por coaliciones -algunas, múltiples- o tienen ejecutivos en minoría que necesitan el apoyo parlamentario de otras fuerzas políticas. Esto, en un contexto de creciente fragmentación, ha llevado en los últimos tiempos a sucesivos adelantos electorales en todo el continente: los próximos comicios adelantados están previstos el 29 de octubre en los Países Bajos, después de que el extremista Partido de la Libertad de Geert Wilders rompiera el acuerdo de coalición con otros tres partidos.

El resultado de todo ello es una acumulación alarmante en toda Europa de gobiernos frágiles, cuyos inestables equilibrios de fuerzas lastran todavía más la toma de decisiones a nivel europeo. Y dejan a la UE con su motor tocado. Es obvio que Francia no está en disposición hoy de tirar del carro, aunque Alemania -con un movedizo gobierno de coalición entre democristianos y socialdemócratas, con intereses contrapuestos- no está tampoco en su mejor momento, ni económico ni político.

Los otros grandes afrontan también serias dificultades, con la excepción de Italia, donde Giorgia Meloni -líder de Hermanos de Italia, coaligada con otras tres fuerzas- ha logrado consolidar un Gobierno, hoy por hoy, estable. En España, Pedro Sánchez, al frente de una coalición de izquierdas -una rareza hoy en Europa- en minoría, apenas tiene fuerza para llevar adelante sus proyectos legislativos, incluidos unos nuevos presupuestos. Y en Polonia, la coalición múltiple que dirige Donald Tusk debe enfrentarse, tras el tropiezo en las elecciones presidenciales de junio, a un jefe del Estado adverso con una amplia capacidad de veto.

En un momento en que Europa se enfrenta a la necesidad existencial de tomar decisiones trascendentales y dar un decisivo paso adelante, el panorama de los gobiernos nacionales no ofrece mucha confianza.

 

Voto euroescéptico. El populista multimillonario Andrej Babis, trumpista y euroescéptico declarado, ganó las elecciones legislativas del pasado sábado en la República Checa, de la que volverá a ser primer ministro. Su partido, Acción de Ciudadanos Insatisfechos (ANO, por sus siglas en checo), cosechó el 34,6% de los votos, en detrimento de la alianza de centroderecha liberal Juntos (Spolu) del actual primer ministro, el conservador Petr Fiala, que logró el 23,2%. De todos modos, Babis no alcanzó la mayoría absoluta y ya avanzó su intención de negociar un gobierno de coalición con el partido de extrema derecha Libertad y Democracia Directa (SPD) y la formación populista derechista Los Propios Automovilistas (Motoristé sobe), que rechazan el plan de la UE de prohibir a partir del 2035 la venta de coches de motor de combustión

Doble censura superada. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, superó ayer las dos nuevas mociones de censura a las que se enfrentaba en el Parlamento Europeo gracias al apoyo férreo de la coalición integrada por populares, socialdemócratas y liberales. En junio pasado ya tuvo que superar otra. Una de las mociones había sido presentada por el grupo de extrema derecha Patriotas (liderado por el Reagrupamiento Nacional francés, en el que está Vox) y los izquierdistas de The Left. Cuestionada por un lado y por otro, Von der Leyen no pasa por uno de sus mejores momentos, como tampoco la alianza europeísta entre populares y socialdemócratas, sometida a fuertes tensiones internas.

Aranceles de ida y vuelta. La Comisión Europea ha decidido poner freno a su vocacional apertura comercial y proteger la producción europea de acero, muy castigada por los aranceles aprobados por Estados Unidos -cuya reducción sigue en el alero- y la competencia de otros países productores, como China, en un contexto de sobreproducción mundial. Las medidas preparadas por Bruselas consisten en reducir la cuota de importación de acero extranjero libre de aranceles hasta las 18,3 millones de toneladas (un 47% menos que en la actualidad) y doblar los aranceles para quienes excedan estas cuotas del 25% al 50%.