'Visión periférica'
Más allá de los drones, la guerra híbrida de Rusia se libra en las redes. Agentes rusos multiplican las provocaciones y las operaciones masivas de desinformación con el fin de socavar el apoyo a Ucrania y desestabilizar a los países europeos.
El 9 de septiembre, unos desconocidos depositaron nueve
cabezas de cerdo frente a otras tantas mezquitas de París y su región, en lo
que inicialmente se interpretó como un ataque islamófobo en un momento de
creciente tensión social e intercomunitaria en Francia. La acción, difundida
por los autores a través de las redes sociales –como era su fin–, causó
consternación general y a la izquierda radical le faltó tiempo para acusar a la
extrema derecha. Pero no era tal.
A la policía no le costó mucho seguir la pista de los
provocadores, unos aficionados –muy probablemente reclutados por cuatro
cuartos– que habían viajado a Francia con un coche de matrícula serbia. Veinte
días después, la policía serbia detuvo a 11 personas de esta nacionalidad en
Belgrado y otras poblaciones, acusadas de llevar a cabo esta y otras
operaciones similares en Francia y en Alemania. El organizador, identificado,
logró darse a la fuga.
El Ministerio del Interior serbio les acusa de organizar
acciones de carácter provocador con el objetivo de “incitar al odio, la
discriminación y la violencia” atizando las diferencias nacionales, étnicas o
religiosas (en abril, el mismo u otro grupo había tirado pintura sobre el
Memorial de la Shoa y varias sinagogas de la capital francesa y dejado mensajes
antisemitas). Los detenidos habrían actuado, según la policía serbia, por
encargo de “un servicio de información extranjero”. Los investigadores franceses
apuntan al servicio militar ruso GRU.
Los ataques dirigidos a desestabilizar desde el interior a
los principales países europeos responden a uno de los objetivos de la guerra
híbrida lanzada por Moscú, que más allá de las violaciones del espacio aéreo de
la OTAN –un viejo hábito de la guerra fría– tiene su principal campo de batalla
en las redes sociales a través de campañas de desinformación, con la
propagación masiva de bulos y falsedades.
“Mientras la atención de Europa se centra, con razón, en la
construcción de barcos, tanques y drones, otra forma de guerra está socavando
los cimientos de nuestras democracias, no con misiles, sino con mensajes”,
escribe Chris Kremidas-Courtney, investigador del European Policy Centre, quien
subraya que estamos ante una operación de influencia “diseñada para corroer la
confianza, secuestrar la realidad y transformar la opinión pública en Europa y
Norteamérica”.
Gran parte de este flujo de información falsa difundido
desde Rusia alude a la guerra de Ucrania (en septiembre, por ejemplo, la
propaganda rusa saturó las redes acusando a Kyiv de los drones rusos que
invadieron el espacio aéreo de Polonia), pero otra parte busca socavar la
cohesión interna de las sociedades occidentales. Uno de los vehículos más
activos es el bautizado como operación Storm 15-16, cuyo objetivo principal es
desacreditar a Ucrania y tratar de erosionar el apoyo occidental a Kyiv. Desde que
empezó a funcionar, en agosto de 2023, ha realizado 77 operaciones de
desinformación contra Europa. “Lo que hace que Storm 15-16 sea más peligroso
que esfuerzos anteriores es su escala industrial y su evolución tecnológica”,
advierte Kremidas-Courtney.
La operación Storm 15-16 es un modus operandi de
desinformación “particularmente virulento”, constata por su parte un informe
del pasado mes de mayo del Ministerio de los Ejércitos francés, según el cual
esta operación está “orquestada
directamente por la inteligencia militar rusa (GRU)”. Storm 15-16 no
actúa en solitario, sino coordinadamente con otras organizaciones como la
Agencia de Diseño Social y la red Portal Kombat, con un triple objetivo:
“polarizar a la sociedad, debilitar el apoyo a Ucrania y fracturar la cohesión
nacional”. Entre sus acciones destaca la difusión, en enero, de un supuesto
vídeo del grupo yihadista Hayat Tahrir al-Cham amenazando con incendiar la
catedral de Notre Dame si Francia no liberaba al autor del atentado en la
basílica de Niza en 2020. “El efecto deseado de estas operaciones –dice el
informe– reside menos en la persuasión inmediata que en el deseo de crear una
niebla informativa persistente para, en última instancia, corromper la verdad”.
En la primera mitad del año, la plataforma Portal Kombat
publicó casi un millón de artículos con información falsa, redactados por IA y
luego traducidos masivamente. En paralelo, la Agencia de Diseño Social (SDA),
una supuesta agencia de comunicación política, produjo entre enero de 2023 y
abril de 2024, casi 140.000 piezas de contenido: desde artículos generados por
IA a memes, vídeos manipulados, deepfakes y otros.
El grupo Cassini, un equipo de investigadores europeos que
se dedica a cartografiar la estrategia de desestabilización promovida por
Rusia, detectó en 2024 hasta 115 acciones de todo tipo con este objetivo, más
de la mitad en Alemania y Francia. “Más que nunca, las acciones ‘híbridas’ de
Rusia en el continente europeo acaparan titulares. Ya se trate de sabotajes,
maniobras informativas o actos vandálicos, estas acciones suelen ser tratadas
por separado en los medios –explican–. Se acumulan, formando una especie de
bombardeo permanente cuyo objetivo es provocar una sensación de saturación y
ansiedad en la opinión pública”.
El viernes 10 de octubre, un sacristán de la catedral de
Notre Dame de París halló entre los cirios una carta anónima, escrita a
máquina, en la que se advertía de un inminente atentado e instaba a cerrar el
templo ese fin de semana. “No abran la catedral, habrá visitantes extranjeros
que, con la ayuda de otros visitantes, ya han escondido cuchillos en la
catedral en los últimos días y causarán una masacre. Por favor, no abran la
catedral”, decía el mensaje. Una discreta inspección policial, sin cerrar el templo,
no dio resultado alguno. ¿Broma de mal gusto de un chiflado? ¿O una acción más
de guerra híbrida?

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