Newsletter ‘Europa’
Von der Leyen se enfrenta a la rebelión de sus huestes, capitaneadas por Manfred Weber
Con estos
amigos, ¿quién quiere enemigos? Esto debe pensar estos días la presidenta de la
Comisión Europea, la democristiana Ursula von der Leyen, que ha visto cómo los
integrantes de la mayoría presidencial en el Parlamento Europeo -con su propio
grupo, el Partido Popular Europeo (PPE), a la cabeza- le montaban una rebelión
en toda regla y le amenazaban con hacer descarrilar el proyecto de marco
financiero plurianual para el periodo 2028-2034, que alcanza un montante de 2
billones de euros. La oposición de socialistas, liberales y ecologistas a la
propuesta presupuestaria de Bruselas implicaría ya de por sí una crisis de
calado, pero el hecho de que el movimiento esté capitaneado por el propio grupo
conservador lo convierte en una insurrección general.
Al frente
de la sedición está el presidente del PPE y del grupo popular en la cámara de
Estrasburgo, Manfred Weber, un viejo correligionario político y enemigo
personal de Von der Leyen, a quien nunca ha perdonado que en 2019 le arrebatara
el cargo de presidente de la Comisión Europea. El socialcristiano bávaro está
empeñado en acotar el poder de su rival y reafirmar el suyo propio, como ya
demostró hace un año con el bloqueo temporal -utilizando al PP español como
ariete- del nombramiento de la socialista Teresa Ribera como vicepresidenta
ejecutiva de la Comisión para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, que
puso en peligro el pacto con socialistas y liberales.
En aquel
envite, Weber consiguió que el bloque europeísta tragara con el nombramiento
como vicepresidente ejecutivo de Cohesión y Reformas de Raffaele Fitto, del
partido Hermanos de Italia de la primera ministra Giorgia Meloni, reforzando
así su línea de aproximación al grupo de Conservadores y Reformistas
Europeos (CRE), convertido en la extrema derecha frecuentable de la
Eurocámara y con la que el PPE ha empezado a poner en práctica la configuración
de una mayoría alternativa.
En este
nuevo pulso por el presupuesto, Weber pretende -entre otras cosas- asegurar el
control del Parlamento Europeo sobre la adjudicación de los fondos
comunitarios. Y, más allá de eso, reforzar su poder como líder de la mayoría frente
a la presidenta de la Comisión.
El gran
objeto de controversia alrededor del proyecto de marco financiero es el radical
cambio que Von der Leyen quiere aplicar a los fondos comunitarios. La propuesta
de Bruselas es refundir los actuales fondos sectoriales en 27 fondos
nacionales, sobre los que los Estados -que recibirían un pago único después de
pactar una especie de contrato-programa con la Comisión- tendrían un mayor
poder de decisión. Una reforma que, según defiende el gabinete de Von der
Leyen, trata de satisfacer las peticiones de mayor flexibilidad históricamente
planteadas por los gobiernos. Pero que dista mucho de contentar a todo el
mundo.
En ese
paquete, que Bruselas pretende dotar con 865.000 millones de euros a repartir
entre los 27, estaría todo junto y revuelto, desde el Fondo de Cohesión a los
fondos de la Política Agraria Común (PAC), lo que ha soliviantado a regiones y
agricultores -ya de por sí sublevados por las restricciones medioambientales y
el acuerdo comercial con el Mercosur- , y a países del sur de Europa como
España. Los afectados temen perder parte de lo que tienen garantizado hasta
ahora -dejándolo al albur de cada gobierno- y los más europeístas lamentan que
la Comisión renuncie a una política común y avale su fragmentación nacional.
El rechazo
en el Parlamento Europeo ha sido tan general que ha puesto sordina a las
crecientes tensiones que ponen diariamente a prueba a la mayoría presidencial.
Esta vez, frente a Von der Leyen, no ha habido fisuras. Los cuatro grupos del
arco europeísta -populares, socialdemócratas, liberales y ecologistas-
dirigieron la semana pasada una carta a la presidenta del Ejecutivo comunitario
en la que mostraban su oposición a la fusión del Fondo de Cohesión y la PAC, y
le instaban a revisar su propuesta bajo amenaza de tumbar la totalidad de su
proyecto de marco financiero, lo que implicaría una grave desautorización de la
Comisión. Los insurgentes pusieron como fecha límite el 12 de noviembre.
Los contactos mantenidos esta semana por ambas partes no han permitido, hasta
ahora, alcanzar un acuerdo que permita evitar el choque. La Comisión, sin
embargo, ha dado muestras de ductilidad y fuentes comunitarias dan por hecho
que el comisario de Agricultura y Alimentación, Christophe Hansen, presentará
una propuesta para tratar de salir del atolladero. Está por ver que sea
suficiente para poner fin al conato de guerra civil en Bruselas.
APUNTES
Acuerdo
de compromiso sobre el clima.
La UE acude a la cumbre del clima de Brasil, COP30, que empieza oficialmente el
próximo lunes, habiendo salvado una posición común, lo que no ha sido fácil
dadas las crecientes divergencias entre los 27 sobre los ritmos de la acción
europea contra el cambio climático. Los ministros comunitarios de Medio
Ambiente alcanzaron la madrugada del miércoles un acuerdo por el cual la UE
mantiene formalmente su objetivo de reducción de las emisiones de gases de
efecto invernadero para el 2040 en un 90% (respecto a 1990), pero abriendo la
puerta a que los países puedan cubrir hasta un 5% de sus objetivos mediante la
adquisición de créditos de carbono y que Bruselas reevalúe la situación
cada cinco años.
Una de
cal y otra de arena.
El triunfo del multimillonario trumpista Andrej Babis en las elecciones de la
República Checa del pasado 4 de octubre fue un jarro de agua fría para los
europeístas, que se ha visto confirmado ahora con la firma, el pasado lunes en
Praga, de un pacto de coalición con la ultraderecha y con un partido eurófobo
de conductores. La República Checa amenaza así con alinearse con el frente
ultra formado Hungría y Eslovaquia. En contraste con esto, las elecciones
anticipadas en los Países Bajos, dieron la sorpresa el pasado 29 de octubre al
coronar como vencedor al partido liberal progresista D66 de Rob Jetten, que
ganó por un pequeño margen -aunque empatando a escaños- al ultraderechista
Partido de la Libertad (PVV) de Geert Wilders.

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