Entre las
miles de imágenes que han circulado en las últimas semanas sobre los disturbios
en varias ciudades europeas, una de las más vistas en la red social X -con más
de un millón de visualizaciones- ha sido la de una pareja de octogenarios en
ropa interior en una calle de París en el momento en que supuestamente son
despojados de su ropa y pertenencias por un grupo de enmascarados durante los
disturbios del 17 de octubre. Impactante, pero falsa. Varios medios de
comunicación franceses han comprobado que la imagen había sido creada o
modificada mediante inteligencia artificial (IA) y la Fiscalía de París ha desmentido
que haya constancia o denuncia de un hecho semejante.
Las redes
sociales -incitando a la destrucción y el pillaje primero, explotando
propagandísticamente esa violencia después- se han convertido en el escenario de
una campaña de desestabilización política que afecta principalmente a los
países europeos con elecciones en el horizonte inmediato -Francia, Italia,
España-, lo que ha disparado las sospechas sobre una injerencia extranjera. ¿La
mano de Moscú?
En Europa,
Rusia es el principal agente foráneo de agitación y desinformación, dentro de
su guerra híbrida contra Ucrania y sus aliados. Así lo tiene monitorizado el Servicio
Europeo de Acción Exterior (SEAE) de la UE, cuyo informe correspondiente al año
2025 recuerda que la estrategia del “aparato de desinformación y manipulación
del Kremlin” consiste en “sembrar y profundizar las divisiones sociales y
socavar los procesos políticos considerados una amenaza para los intereses
rusos”, especialmente aprovechando los periodos electorales, y que uno de los
medios que utiliza es tratar de “movilizar el sentimiento antisistema”.
De los 540
incidentes de manipulación de información e injerencia extranjera (FIMI, en sus
siglas en inglés) detectados y analizados el año pasado, el 29% son atribuidos
a Rusia y el 6% a China. El 65 % no han podido atribuirse a un actor concreto,
aunque “presentan indicios de coordinación con activos de FIMI vinculados a
infraestructuras atribuidas a Rusia o China”. La mayoría de estos incidentes “implican
la publicación de un mismo contenido por parte de múltiples cuentas en diversas
plataformas”: en 2025 se registraron cerca de 43.000 contenidos (textos,
audios, vídeos, para cuya elaboración se utiliza cada vez más la IA) en 19
plataformas distintas, siendo la red social X, propiedad del multimillonario
Elon Musk, la que concentró el 88% de los casos.
En el caso
de los violentos disturbios y saqueos perpetrados en París y las principales
ciudades francesas el 17 de octubre, a rebufo de las manifestaciones de estudiantes,
la Comisión Europea está investigando la posibilidad de que fueran alentados
por una potencia extranjera. Según adelantó el Financial Times, Bruselas
ha constatado que “cuentas prorrusas y de extrema derecha, vinculadas en el
pasado a campañas de desinformación, difundieron vídeos violentos en un intento
de sembrar aún más el caos”. Es notorio que los disturbios han sido utilizados ampliamente
en las redes sociales para agravar la sensación de anarquía -incluyendo
imágenes falsas como la citada al principio de este artículo- y atizar las
fracturas sociales, acusando a los jóvenes de origen inmigrante y confesión
musulmana de la violencia y el pillaje.
Según un
informe de la oenegé Alliance4Europe, que ha rastreado y analizado 547.471
publicaciones realizadas en X, Telegram, TikTok, YouTube, Facebook y diversos
sitios de noticias, en nueve idiomas, además de 12.839 comentarios, difundidos
ya desde seis semanas antes del 17 de octubre, ha concluido que -si bien no hay
pruebas de que un país extranjero hubiera organizado las protestas- “actores
extranjeros trabajaron activamente para amplificar e intensificar el
descontento público y para celebrar la violencia, con el objetivo adicional de
polarizar los debates y dividir a la sociedad francesa”.
El
presidente francés, Emmanuel Macron, acusó a dirigentes extranjeros -en alusión
al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que atribuyó la violencia a la
inmigración- de tratar de explotar políticamente los disturbios, pero no quiso
ir más allá. Quien sí ha señalado claramente hacia el exterior es el ministro
de Defensa italiano, Guido Grosseto, que achacó la violencia perpetrada en
Milán y otras ciudades el mismo fin de semana por jóvenes vándalos -al calor
también de un movimiento estudiantil seguidista del francés- a “una guerra
híbrida que alguien está librando contra nuestras naciones a través de las
redes sociales, sin que Occidente se dé cuenta o reaccione”.
La policía
italiana detuvo el día 24 a un politólogo y activista de origen marroquí, Yousef
Siher, administrador de varios canales del llamado Movimiento 17 de octubre,
como supuesto instigador de los disturbios, al que los servicios de
inteligencia -según el Corriere della Sera- conectan con el grupo de
hackers prorruso ‘Noname’. La fiscalía pidió la prisión preventiva de Siher,
pero la juez de instrucción le dejó en libertad, para indignación de la primera
ministra italiana, Giorgia Meloni, que calificó la decisión de “vergonzosa”.
En España,
la erupción de violencia se desató en Barcelona ese mismo sábado 24, después de
que los instigadores, a través de cuentas anónimas con el lema Blocus (palabra
francesa tomada prestada del movimiento de los bachilleres franceses que
llamaba al bloqueo de los institutos), intentaran en vano encender también las
calles de Madrid. A través fundamentalmente de perfiles en TikTok, dirigidos a
jóvenes adolescentes, se invitaba a manifestarse y -a través de un código QR
que remitía a cuentas privadas de Whatsapp y Telegram- se daban instrucciones
precisas sobre el operativo. Ahí se incitaba ya directamente al saqueo de
tiendas de lujo.
En el caso
de la capital catalana, ni siquiera se aprovechó un movimiento estudiantil
preexistente -que no había-, simplemente se incitó de manera artificial a la
protesta y el vandalismo siguiendo el ejemplo francés. Y, como ha sucedido en
Francia, la presencia entre los vándalos de jóvenes de origen magrebí y
latinoamericano ha sido utilizada por cuentas de extrema derecha para alentar
un sentimiento contra los inmigrantes.
A nivel
político, el Gobierno ha acusado a la extrema derecha de estar detrás alentando
los disturbios, mientras que la oposición señalaba al propio Ejecutivo. Nadie
ha acusado, hasta el momento, a un agente extranjero.
Los
expertos no tienen dudas sobre el hecho de que se ha tratado de una acción
perfectamente organizada y teledirigida. ¿Por quién? Eso está por probar. Marcelino
Madrigal, un conocido analista de redes, alertó de todo este movimiento unos días
antes. Y aunque no se ha podido establecer quién hay detrás de todo ello, no
duda de que se ha tratado de una operación premeditada, sin descartar una
injerencia extranjera. “¿Indicios de que la mecha se ha encendido por una parte
interesada? Sí, los hay. Se utilizaron cuentas recicladas, cambiadas de nombres
e identidades. Se alentó a los jóvenes con el pillaje. Se eliminaron rastros
cuando fueron descubiertos”, ha escrito en BlueSky.
La empresa
tecnológica Golden Owl, una startup del Parque Científico de Alicante, ha
llegado a parecida conclusión a partir del análisis de más de 10.000 elementos
recopilados en siete plataformas, dieciocho carteles de cuentas organizadoras e
inspección en directo del grupo de coordinación. “Los disturbios del 24 de
octubre en Barcelona estuvieron precedidos por actividades de captación y
coordinación digital. Las conversaciones archivadas de Telegram revelan
preparativos explícitos para saquear establecimientos de alto valor, provocar
incendios, agredir a agentes policiales y revender productos robados”, explica
en su informe.
Golden Owl
ha identificado indicios de actividad de la red Blocus en 18 localidades de 11
comunidades autónomas, con convocatorias precisas en la mayoría de los casos: “El
mapa incluye Barcelona, Madrid, Bilbao, Vitoria-Gasteiz, Donostia-San
Sebastián, Valencia, Sevilla, Zaragoza, Málaga, A Coruña, Santander, Pamplona y
Terrassa”.
Lo que
está sucediendo ahora, sea cual sea la mano que lo dirija desde detrás, lleva
tiempo incubándose. El último informe de Europol sobre terrorismo en Europa,
hecho público el pasado mes de julio, alertaba del surgimiento de una nueva
tendencia: un “extremismo violento de carácter nihilista” procedente de
“comunidades digitales descentralizadas que glorifican las acciones violentas” e
interaccionan entre ellas siguiendo los mecanismos -desafíos, recompensas-
propios de los videojuegos.
Sin
objetivos ideológicos claros, algunos individuos buscan generar el caos como
medio de precipitar el colapso del sistema, otros actúan por el mero gusto de
la violencia y otros más con fines exclusivamente criminales. Todos ellos,
alertaba ya el informe, son “vulnerables a la instrumentalización de actores
malintencionados que buscan promover sus propios objetivos estratégicos”.
La oleada
de violencia no ha acabado. Italia vivió ayer una nueva jornada de huelgas y
protestas contra el aumento de los precios y la política del Gobierno, y de
nuevo se produjeron incidentes violentos, particularmente en la ciudad de
Turín. En Francia, Alemania y los Países Bajos, las
convocatorias de nuevas manifestaciones hoy sábado han puesto en alerta a las
fuerzas de seguridad. Y lo mismo en España, donde no hay realmente protestas
políticas o sociales organizadas, pero sí nuevos llamamientos en las redes
sociales para sembrar el caos en las principales ciudades, con Barcelona otra
vez en el foco. La policía ha preparado un dispositivo extraordinario para bloquear cualquier conato y
ha procedido a varias detenciones. En todas partes, los comerciantes
blindan sus establecimientos cubriendo sus escaparates con chapas de madera...
Una imagen fantasmagórica para la celebración de Halloween.

No hay comentarios:
Publicar un comentario