domingo, 31 de mayo de 2026

La revancha del Ku Klux Klan

'Visión periférica'

Aprovechando una sentencia del Tribunal Supremo que acota la Ley del Derecho al Voto de 1965, los estados del sur de EE.UU. se han lanzado a una carrera para suprimir las circunscripciones electorales de mayoría negra.

 

El 8 de agosto de 1925 una multitud de cerca de 40.000 encapuchados del Ku Klux Klan –ocasionalmente, a cara descubierta– desfilaron con sus túnicas blancas, sus capirotes y sus cruces por la avenida Pensilvania de Washington, el corazón de la capital federal de Estados Unidos, para demostrar su poder. La organización supremacista blanca, surgida en los estados de Sur de las cenizas de la guerra civil para combatir –con violencia incluida– el ejercicio de los derechos civiles por parte de los recién liberados esclavos negros,  tenía entonces entre tres y cuatro millones de miembros y utilizaba su capacidad de influencia para condicionar la elección de senadores y gobernadores.

El Klan perdió fuerza a partir de entonces, pero resurgió con virulencia a mediados de los años sesenta. La organización y algunas de sus facciones más violentas, como la de los White Knights (caballeros blancos), volvieron a recurrir al terrorismo y los asesinatos para combatir el creciente movimiento de la población negra,  liderada por Martin Luther King, en defensa de sus derechos.

Entre sus crímenes cobró relevancia el asesinato de tres activistas pro derechos civiles –James Chaney, Andrew Goodman y Michael Schwerner– la noche del 21 al 22 de junio de 1964 en el condado de Neshoba (Misisipi), adonde se habían desplazado para animar a los afroamericanos a registrarse como electores. El caso, que daría lugar años después a la célebre película Arde Misisipi (Alan Parker, 1988), causó una honda conmoción. Y acabó de convencer al presidente Lyndon B. Johnson de la necesidad de aprobar una Ley del Derecho al Voto que garantizara su ejercicio efectivo. Fue  aprobada  por el Congreso en agosto de 1965.

Los negros tenían reconocido el derecho al voto desde 1870 (Décimoquinta enmienda de la Constitución). Sin embargo, más allá de la violencia del Ku Klux Klan y otros grupos racistas, los estados del Sur aún mantenían sojuzgada a la población negra con las leyes de segregación racial y  obstaculizaban su participación electoral en la práctica con toda suerte de argucias legales: pago de impuestos electorales, obligación de pasar exámenes de alfabetización...  La ley de 1965 cambió todo eso.

Un siglo después de la marcha del Ku Klux Klan por Washington, sus ideas supremacistas y ultraderechistas vuelven a estar en boga en Estados Unidos y muchas de las salvaguardas logradas con años de lucha y esfuerzo están siendo desmontadas una a una. El Tribunal Supremo, controlado por una mayoría ultraconservadora –integrada por seis de los nueve magistrados, tres de ellos designados personalmente por Donald Trump– dio a finales de abril el golpe de gracia a la Ley del derecho al Voto en una controvertida sentencia donde estableció que el “enorme cambio social” vivido por EE.UU. no justifica ya mantener ciertas medidas en defensa de las minorías. Con este fallo, a partir de ahora solo se puede invocar la protección de la ley en el caso de que las autoridades pretendan restringir “deliberadamente” su representación política.

Huelga decir que la minoría progresista del Supremo disiente de la sentencia. A  juicio de la magistrada Elena Kagan el fallo es “el último capítulo en la demolición, ahora consumada, de la Ley del Derecho al Voto”. En su opinión, no corresponde a la Corte, sino al poder legislativo, decidir si la ley sigue siendo necesaria o no.

El origen de la sentencia está en una disputa sobre las circunscripciones electorales del estado de Luisiana. Tomando como base la ley de 1965,  y con el apoyo de la jurisprudencia histórica del Supremo, muchos estados habían dibujado circunscripciones en las que la minoría negra fuera mayoritaria, para asegurar de esta forma su representación. En el caso de Luisiana, donde un tercio de la población es afroamericana, el estado pretendía crear un nuevo distrito de mayoría negra (de tal forma que hubiera dos de un total de seis). La iniciativa fue impugnada y es la que ahora ha anulado el Supremo, argumentando que definir un distrito por motivos raciales es inconstitucional. Dicho y hecho, el legislativo de Luisiana aprobó el viernes suprimir esa segunda circunscripción.

Aprovechando el precedente, otros  estados sureños  se disponen a suprimir también distritos negros. El Congreso de Tennessee aprobó el día 7 la eliminación de una circunscripción de mayoría negra en la ciudad de Memphis y la gobernadora de Alabama ha instado a recuperar un mapa electoral de 2023 –anulado por la justicia estatal– con el mismo objetivo. En Georgia, el gobernador ha convocado una asamblea extraordinaria para rediseñar los distritos electorales y otro tanto pretenden hacer en Carolina del Sur y Misisipi. “Estamos presenciando, en tiempo real, la creación de un estado de partido único en el sur de EE.UU.”, ha denunciado el periodista G. Elliot Morris (Strength in Numbers), especialista en análisis  electoral.

El motivo de fondo es partidista: los negros votan mayoritariamente al partido demócrata y lo que buscan es diluir su voto en circunscripciones mayoritariamente republicanas y blancas. Este tipo de maniobras, consistentes en redibujar el mapa electoral para ganar representantes en detrimento del rival, hace tiempo que se llevan a cabo en EE.UU. Las inauguró en el siglo XIX el vicepresidente Elbridge Gerry, quien dibujó un distrito electoral con la vaga forma de una salamandra (salamander), de ahí que esta práctica se conozca con el nombre de gerrymandering.

Los republicanos, que temen perder la mayoría en el Congreso en las elecciones mid-term del próximo mes de noviembre, están realizando artimañas de este tipo allí donde pueden. A saco. Si esta deriva ya representaba por sí misma un grave problema democrático, ahora se ha convertido también en un problema racial.


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