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La capacidad militar y armamentística de Kyiv le convierte en un pilar fundamental de la futura defensa de Europa
Ucrania necesita a Europa para seguir resistiendo a la agresión de Rusia. Es un hecho obvio y reconocido. Pero ¿y si fuera también al revés? Si Kyiv ha podido durante más de cuatro años plantar cara a la invasión rusa, ordenada por el presidente ruso, Vladímir Putin, en febrero de 2022 para tratar de abortar su acercamiento a la UE y la OTAN, ha sido gracias a la ayuda económica y militar occidental. Y ahora que Donald Trump ha decidido desentenderse del asunto casi exclusivamente europea. Si eso es cierto, también empieza a ser una evidencia que Ucrania puede ser un activo fundamental en la futura defensa colectiva de Europa.
Ya no se
trata solo de que Ucrania sea la primera trinchera europea frente al
expansionismo neozarista de Rusia. Con el ejército más numeroso del continente
-tras el ruso- en estos momentos, integrado por unos 800.000 efectivos y
fogueado en el campo de batalla con las nuevas modalidades de la guerra, y con
una industria armamentística que está en la punta tecnológica -sobre todo en la
fabricación de drones-, Ucrania podría devenir un socio capital para una Unión
Europea obligada a buscar una nueva arquitectura de seguridad propia a la vista
de la progresiva desintegración de la Alianza Atlántica.
La OTAN
celebrará los próximos 7 y 8 de julio en la capital de Turquía, Ankara, una
cumbre que se presume puede tener consecuencias existenciales. Tras anunciar la
retirada de 5.000 soldados norteamericanos de Alemania y amagar con no
desplegar otros 5.000 previstos en Polonia -decisión rectificada en 24 horas-,
Estados Unidos se dispone a plantear una sustantiva reducción de su presencia
militar en Europa. Así lo avanzó la semana pasada en Bruselas el secretario de
Estado, Marco Rubio, quien anunció asimismo que el presidente Trump tiene
previsto expresar su fuerte descontento con sus aliados europeos (que se han
negado a seguirle en la guerra de Irán)
Ucrania
nunca se integrará en la OTAN, suponiendo que dentro de algunos años siga
existiendo. La idea, impulsada en su momento por EE.UU. a pesar de las
reticencias europeas, ha sido ahora descartada por Washington y su exclusión de
la Alianza es una condición irrenunciable para Moscú en una eventual
negociación de paz. Pero Ucrania sí ha llamado insistentemente a la puerta de
la UE. Y más allá de otras consideraciones -geopolíticas, económicas, morales
incluso-, su aportación militar adquiere ahora un peso específico a la hora de favorecer
una aceleración del proceso de adhesión.
En cuatro
años de guerra, Ucrania ha sabido reinventarse como una moderna potencia
industrial militar. Durante estos años ha surgido un rico ecosistema integrado
por alrededor de un millar de empresas tecnológicas, la mayoría privadas,
innovadoras y extremadamente flexibles, que se adaptan rápidamente a las
necesidades cambiantes del ejército en el frente. Además de misiles o
municiones, los ucranianos han dado un salto en la fabricación masiva de
vehículos aéreos no tripulados (VANT) o drones -que también los hay terrestres
y marítimos-, cuyo uso está siendo decisivo en la guerra. Si en 2022 producía
unos cuantos miles al año, hoy supera los 4 millones de unidades.
“La
capacidad de producción actual de Ucrania excede sus propias necesidades,
incluso en medio de una guerra defensiva”, constata un informe reciente del
Banco de Finlandia. Hasta tal punto es así que ha empezado a exportar y
proyecta la construcción conjunta de centros de producción en el norte de
Europa (además de ofrecer asesoramiento a los ejércitos de la OTAN). Un papel
fundamental ha tenido en este despegue la plataforma gubernamental Brave 1, que
vehicula la colaboración entre el Gobierno, el ejército y las empresas. La
producción ucraniana anual en defensa alcanza en la actualidad, según datos de European
Security & Defence, los 35.000 millones de dólares (unos 29.900 millones de
euros)
La UE
reconoció a Ucrania como candidata oficial a la adhesión ya el mismo 2022, como una
respuesta política a la invasión rusa, y en 2024 aprobó iniciar las
negociaciones (también con otra exrepública soviética, Moldavia) Pero desde
entonces las cosas no han avanzado mucho. Kyiv argumenta motivos geopolíticos
para reclamar una adhesión acelerada, pero hasta ahora el veto del ex primer
ministro húngaro -y gran valedor de los intereses de Moscú en Europa-, Viktor
Orbán, había impedido avanzar. La elección como nuevo jefe de Gobierno de Peter
Magyar, que ayer se reunió en Bruselas con la presidenta de la Comisión
Europea, Ursula von der Leyen, cambia la ecuación y, pese a las reticencias que
mantiene Budapest, es de esperar que en el Consejo Europeo del mes de junio,
los 27 den vía libre al inicio efectivo de las negociaciones.
En este
contexto, el canciller alemán, Friedrich Merz, propuso días atrás un camino
intermedio. Consciente de que los procesos de adhesión a la UE son complejos y
pueden alargarse durante muchos años, propuso conceder a Ucrania un estatus
especial como “miembro asociado”, que le permita -mientras se avanza en el
proceso- participar en los consejos europeos y en las reuniones ministeriales
de la UE, aunque sin derecho a voto. El presidente ucraniano, Volodímir
Zelenski, que presiona desde hace tiempo para culminar una adhesión exprés en
2027, ha rechazado esta vía por temor a quedarse eternamente a medio camino.
Mientras
se discute el ritmo de su incorporación a la UE, Ucrania va negociando acuerdos
bilaterales de cooperación en defensa -básicamente, para la producción y
exportación de drones- con diferentes países europeos: Alemania, España,
Italia, Noruega, Países Bajos, Suecia… Su avanzada tecnología en los nuevos
sistemas de combate, que están cambiando la faz de la guerra, es ahora una de
sus principales bazas.
Drones
arriba y abajo. La
guerra de Ucrania sigue provocando daños colaterales en algunos de los países
europeos del flanco este. Los países bálticos fueron los primeros afectados por
la caída de drones sobre su territorio (supuestamente lanzados por Ucrania
contra Rusia y desviados por los rusos). Ursula von der Leyen se reunió el
martes con los primeros ministros de Estonia, Letonia y Lituania para abordar la situación y mostrar
la solidaridad de la UE. La noche del jueves al viernes le tocó a Rumanía,
donde un dron ruso impactó sobre un edificio
residencial de la
ciudad de Galati -cercana a la frontera con Moldavia y Ucrania- causando dos
heridos. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, acusó a Rusia de
“comportamiento temerario”, mientras el presidente ruso, Vladímir Putin, retaba
a Bucarest a demostrar con pruebas que el dron era ruso.
Moscú amenaza a Armenia. Aproximarse a
la UE no sale gratis para las antiguas repúblicas soviéticas que adquirieron la
independencia a principios de los años 90. Si no, que se le pregunten a Ucrania.
La última en protagonizar un acercamiento al club de los 27 es Armenia, quien
se sintió abandonada por Rusia en su guerra con Azerbaiyán. En Moscú no ha
gustado nada este giro, puesto de manifiesto en la reciente cumbre bilateral
protagonizada por el presidente Nikol Pashinyan con António Costa y Ursula von
der Leyen a principios de mes. Tras prohibir temporalmente la importación de
flores y agua mineral procedentes de Armenia, el Kremlin comunicó al gobierno
armenio por carta que suspenderá los suministros de petróleo y gas baratos en
caso de que el país caucásico prosiga su acercamiento a la UE. Ereván depende energéticamente
de Rusia, a la que compra el 85 % del gas natural que consume.
Satélites
‘Made in Europe’. A
Rusia le ha salido muy cara su dependencia de las comunicaciones por satélite a
través de la red Starlink, de Elon Musk, en la guerra de Ucrania. La decisión
del magnate tecnológico norteamericano de desconectar a las tropas rusas es una
de las razones que explican que el curso de los combates esté girando en favor de
los ucranianos. Europa es perfectamente consciente de ello y de la necesidad de
asegurar la independencia estratégica de la UE en materia de telecomunicaciones.
Así lo ha planteado la Comisión Europea, que pretende reservar a empresas
europeas los servicios móviles por satélite para las comunicaciones gubernamentales
y militares. La iniciativa coincide con la próxima renovación de los contratos de
estos servicios, actualmente en manos de las estadounidenses Viasat y EchoStar,
cuyas licencias expirarán en mayo de 2027.

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