domingo, 20 de septiembre de 2026

¿Prepara Trump un golpe de Estado?


'Visión periférica'

A medida que se acercan las elecciones legislativas del próximo mes de noviembre en Estados Unidos, en las que los republicanos pueden perder el control del Congreso, crece el temor a que Donald Trump y sus huestes intenten un golpe de mano.

 

Donald Trump se ha convertido en una parodia de sí mismo. Si sus intervenciones públicas hacen dudar a veces de su equilibrio mental, sus post en su red social, Truth, no pueden ser más delirantes. Cuando no se disfraza –IA mediante– como el luchador de pressing catch Hulk Hogan, el presidente de Estados Unidos superpone la caricatura de su perfil al mapa de Irán, dibuja la bandera norteamericana desde México a Islandia, derriba al primer ministro canadiense, Mark Carney, jugando al hockey sobre hielo, se pasea a caballo con George Washington –ambos vestidos de época– o se pone a rebautizar lo que le viene en gana con el nombre de América  o el suyo propio. “¿Por qué cree usted que ha sido el único presidente en ser sometido a un test cognitivo?”, se burló recientemente el presentador Jon Stewart sobre su salud mental en el hilarante The Daily Show.

Entre payasadas y niñerías, sin embargo, Trump ha empezado a colar imágenes siniestras de un futuro distópico en las que aparece como un tirano totalitario rodeado de robots armados y con frases de tono amenazador (como la que ilustra este artículo). No ha resultado más tranquilizadora la semejanza del uniforme que ha propuesto –en la misma red social– para el futuro cuerpo espacial del ejército de EE.UU. con los de las SS nazis.

Los antecedentes del personaje no permiten despachar tales salidas de tono como una broma pesada. Las inclinaciones autoritarias de Trump han quedado más que demostradas en numerosas de sus decisiones –gracias a un Congreso entregado y un Tribunal Supremo complaciente–, pero si cupiera alguna duda sobre adónde es capaz de llegar, baste recordar el violento asalto de sus huestes al Capitolio el 6 de enero del 2021 para tratar de evitar la certificación de Joe Biden como presidente. Algo que frustró, no sin riesgo para su vida, el vicepresidente Mike Pence.

Quien haya visto la serie El cuento de la criada –basada en la novela homónima de Margaret Atwood, que dibuja unos EE.UU. sometidos a un régimen totalitario ultraconservador– habrá podido observar el inquietante paralelismo entre las fuerzas paramilitares de la televisión y los agentes de la agencia migratoria trumpista ICE, que propagan el terror en las calles del país –enmascarados y armados hasta los dientes– y cargan ya a sus espaldas con más de medio centenar de muertes. Algunos medios han especulado con la posibilidad de que las fuerzas del ICE sean desplegadas en los colegios electorales durante las elecciones legislativas mid-term del próximo noviembre para intimidar y disuadir el voto de las minorías.

Lo cierto es que Trump y y los suyos están tratando por todos los medios de condicionar las elecciones, manipulando los distritos electorales (gerrymandering), coaccionando a los funcionarios de los estados encargados del recuento de votos, intentando imponer un control federal sobre el sufragio por correo –algo frenado esta semana por el Supremo– y tramitando una ley –SAVE America– que impondría nuevos requisitos para registrarse como votante. Medidas presentadas como necesarias para luchar contra el fraude pero que en el fondo buscan controlar el ejercicio del voto.

“Esta gente desquiciada  [los demócratas], tras luchar durante 10 años, debería reconocer por fin que su Presidente Favorito (¡YO!) sabe cómo GANAR. Deberían estar agotados a estas alturas pero, lamentablemente, no lo están. Van a hacer un último intento por arruinar a Estados Unidos, pero no vamos a permitir que eso suceda. ¡Vamos a ganar las elecciones de mitad de mandato a lo grande y a SALVAR A ESTADOS UNIDOS!”, ha escrito Trump, incansable.

No parece que ello pueda ser con buenas artes. La ciudadanía parece haber dado la espalda al presidente. Solo el 33% aprueba su gestión, según YouGov, y el 60% considera, según USA Today, que “no es honesto ni digno de confianza”. Los sondeos de intención de voto –50% a 39% a favor de los demócratas– dan como muy probable la pérdida de la Cámara de Representantes por parte de los republicanos. Y, acaso, del Senado. “No podemos permitir, ni permitiremos, que obtengan la mayoría en el Congreso. No vamos a dejar que eso suceda”, ha advertido amenazante el presidente (speaker) de la Cámara de representantes, Mike Johnson.

El politólogo Ian Bremmer, presidente del grupo Eurasia, advierte al respecto que “si alguien cree que Trump aceptará con elegancia la derrota en las elecciones de mitad de mandato debería reconsiderarlo”. Pese a ello, se muestra confiado en el escudo protector de las instituciones: “Las limitaciones a las que está sujeto el presidente son mayores que su capacidad para alterar los resultados”, señala.

No todo el mundo, sin embargo, es tan optimista. El juez John Michael Luttig, exmiembro de la Corte de Apelación y notorio conservador, ha publicado un alarmado artículo en la revista The New Republic, titulado La batalla final por la democracia de Estados Unidos, donde alerta del riesgo de que los republicanos se nieguen a acreditar la elección de los congresistas demócratas, impidiendo su toma de posesión el 3 de enero, lo que abriría una crisis constitucional de salida incierta.

En el actual Congreso –escribe con preocupación– “es difícil encontrar siquiera a un solo republicano con la integridad, el sentido del deber hacia la nación, el honor y la valentía necesarios para anteponer a EE.UU. al Partido Republicano, y mucho más a Donald Trump”. Aunque les llama a una rebelión, Luttig no confía demasiado en los republicanos y lo fía  prácticamente todo a la intervención del Tribunal Supremo, pese a que –como él mismo subraya– es el gran culpable de la situación actual al haber concedido al presidente la inmunidad absoluta.

 

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