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La
nostalgia de la antigua RDA alimenta el auge de la extrema derecha en Alemania
No todo
tiempo pasado fue mejor. De hecho, la mayoría de las veces fue peor de lo que
la engañosa memoria sugiere. Que los mayores sientan nostalgia de su época de
juventud, en la que -mejor o peor- tenían toda la vida por delante es
comprensible. Que la sientan los jóvenes de un tiempo idealizado que no han
vivido es más sorprendente. Pero, más allá de la ignorancia que denota -y que,
vistos los niveles de comprensión lectora de nuestros escolares, no tiene visos
de mejorar-, es un indicador del malestar y desconcierto que suscita el
presente en parte de la sociedad
En Estados
Unidos, muchos jóvenes -y algunos de sus mayores- ignoran de qué lado luchó su
país en la Segunda Guerra Mundial, e incluso se preguntan hoy si no deberían
haberse alineado con la Alemania hitleriana. En China, cuando se cumplen
cincuenta años de su desaparición, algunos se inclinan con interés hacia la
figura de Mao, mientras en España otros repiten irreflexivamente la letanía de
que “con Franco se vivía mejor”. Sin tener, en ninguno de los casos, la menor
idea de lo que están idealizando: falsas ensoñaciones de seguridad que
enmascaran reales atrocidades.
En
Alemania la edulcoración de la Historia tiene una particularidad: es doble. No
solo se ha ido disipando el sentimiento de culpa por los crímenes cometidos por
Hitler y los nazis -así como difuminando el recuerdo de la muerte y la
destrucción que trajeron a su propio país-, sino que en la Alemania del Este se
idealiza y añora hoy también el siniestro régimen comunista de la RDA. Es en
esta zona del país, que vivió más de medio siglo bajo regímenes totalitarios -los
años que van desde la neutralización del Parlamento por Hitler en 1933 a la
caída del Muro de Berlín en 1989-, donde ha arraigado y se está expandiendo con
más fuerza la extrema derecha.
La
victoria aplastante de Alternativa para Alemania (AfD, en sus siglas en alemán)
en las elecciones regionales del land de Sajonia-Anhalt, el domingo pasado, ha
sido un auténtico aldabonazo, aunque no se puede decir que no se viniera venir.
Los ultras de AfD, que nacieron como una fuerza euroescéptica antes de tomar la
bandera contra la inmigración musulmana en 2015 -a raíz de la entrada masiva de
refugiados sirios decidida por Angela Merkel-, han ido creciendo de forma
sostenida durante la última década. Hasta llegar el domingo a erigirse por
primera vez en la fuerza más votada en una elección regional: ganaron de calle
con el 44% de los votos -rozando la mayoría absoluta- mientras se desplomaban
los dos partidos del Gobierno, la CDU (17,5%) y el SPD (9%)
A nivel
nacional, los sondeos de intención de voto les dan hoy también el primer lugar
con un 28%, ocho puntos por delante de los democristianos. La media global, sin
embargo, enmascara, dos hechos relevantes. En primer lugar, los votantes de
AfD, entre ellos muchos jóvenes, son sobre todo masculinos (un estudio del Pew
Research Center realizado en 2024 reveló que el 26 % de los hombres alemanes
tenía una opinión positiva del AfD, frente a solo el 11% de las mujeres). Y en
segundo lugar, aunque el crecimiento es general, el mapa electoral de Alemania
muestra que este proceso de radicalización política tiene su centro de gravedad
en los länder del Este, donde la reunificación alemana ha sido vivida con un
sentimiento de desposesión y humillación.
Pongamos
el foco en el land de Sajonia-Anhalt, uno de los menos poblados de Alemania
(apenas un poco más de 2 millones de habitantes, con una población envejecida y
muy diseminada). Se trata de una zona minera e industrial -fundamentalmente,
química- en declive, que perdió numerosos empleos en los años posteriores a la
reunificación, con un nivel de paro ligeramente por encima de la media del país,
un salario medio por debajo del nacional y donde el retroceso demográfico
amenaza el mantenimiento de una fuerza laboral suficiente para sostener el
crecimiento económico. La baja densidad contribuye también a la progresiva
desertificación comercial y de servicios en muchos núcleos de población. Un
retrato que podemos ver repetido en las regiones “vaciadas” o en declive de
muchos países europeos.
No todo el
panorama es tan triste, sin embargo. Aquí, el precio de la vivienda es el más
barato de Alemania. Y, lo que llama más la atención habida cuenta del resultado
electoral del domingo, el nivel de presencia extranjera es relativamente bajo:
la proporción de ciudadanos extranjeros en Sajonia-Anhalt es del 9%, que
aumenta hasta un 11% si se cuenta a aquellos de origen foráneo que han
adquirido la nacionalidad alemana. Pero este dato, al final, acaba pesando poco
frente a la realidad virtual que difunden las redes sociales, donde el miedo
campa a sus anchas.
“Lo que
mis padres me enseñaron es que vivían en paz y tranquilidad, sin tener que
sentir miedo en su propio país”, declaraba un joven sajón simpatizante de AfD a
la BBC en relación con los ataques -reales o supuestos- perpetrados por
solicitantes de asilo. No está claro que la vida real sea un pozo de violencia cometida
por extranjeros como pretende el discurso de la extrema derecha, pero eso es lo
que uno ve -constantemente, pertinazmente- en la red social X, gobernada por su
propietario -el multimillonario norteamericano Elon Musk, ardiente partidario
de AfD- como un gigantesco foro de agitación y propaganda, donde la
desinformación ha adquirido proporciones estratosféricas. Basta entrar unos
minutos en esa ciénaga para, sin buscarlo, toparse con continuas escenas de
violencia protagonizadas por negros y árabes. La extrema derecha ha sido muy
activa y muy hábil en las redes sociales -así en X como en TikTok-, mientras
los partidos tradicionales perdían la conexión con una parte del electorado.
Si la
ultraderecha europea tiene gradaciones -siendo aparentemente la más pragmática
y consensual la de los Hermanos de Italia de Giorgia Meloni-, la de Alternativa
para Alemania se sitúa entre las más radicales, hasta el punto de que en
Parlamento Europeo se sitúa al margen de los dos grandes grupos de esta
ideología, el liderado por la primera ministra italiana y el de la francesa
Marine Le Pen (Reagrupamiento Nacional)
Su
programa de gobierno, como recordaba recientemente su líder, Alice Weidel,
incluye deportar masivamente a los ciudadanos de nacionalidad -y acaso de
origen- extranjero y en particular al más de un millón de refugiados sirios que
residen en el país, algo que el canciller Friedrich Merz ha denunciado como
“limpieza étnica” y que condujo en 2025 a la Oficina Federal para la Protección
de la Constitución (BfV), los servicios de inteligencia interior alemanes, a
declarar a AfD como un “caso confirmado de extremismo de derechas” cuyos
postulados son “incompatibles con el orden constitucional democrático”.
Partidaria
de denunciar el tratado de Schengen y cerrar totalmente las fronteras de
Alemania, así como de abandonar el euro y recuperar el marco, un eventual
acceso de AfD al gobierno de Alemania representaría también una amenaza
existencial para Europa.
Desconfianza
en el futuro. El
último estudio del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores (ECFR, en sus
siglas en inglés), elaborado a partir de más de 5.000 entrevistas realizadas en
seis países (entre ellos Alemania, Francia, Reino Unido e Italia, pero no
España), ha constatado una brecha creciente entre las aspiraciones de los
ciudadanos europeos y la confianza en sus dirigentes políticos. El 75% quiere
más Europa, pero el 68% aprecia un deterioro progresivo del proyecto europeo y
el 56% está convencido de que el futuro de una Unión cada vez más estrecha está
en peligro. A juicio de los ciudadanos, los principales problemas son la guerra
de Ucrania (47%) y las dificultades económicas (33%), pero no ven que las
respuestas políticas sean adecuadas y el pesimismo alcanza ya a un 39%, El
director del estudio, Pawel Zerka subraya que “cuando el futuro en el que
creemos se desvanece, el pasado es un espacio muy atractivo para buscar otro
futuro posible”. La nostalgia está de moda.
A
vueltas con el Ártico.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha viajado esta
semana a Groenlandia para subrayar el compromiso de la UE con el futuro de esta
isla ártica de Dinamarca, sobre la que el presidente de Estados Unidos, Donald
Trump, ha expresado reiteradas veces sus apetitos territoriales. Von der Leyen,
acompañada por la primera ministra danesa, Mette Frederiksen, y el premier
groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, anunció el despliegue de una nueva
estrategia hacia la isla que incluye 200 millones de euros más en inversiones y
también un refuerzo de los vínculos políticos con el territorio. Ajeno a esta
idas y venidas, Trump publicó en su red social particular, Truth, un mapa en el
que la bandera de EE.UU. se extiende, por el sur, hacia México y el Caribe y,
por el norte, a Canadá, Groenlandia e Islandia. Los islandeses, que
recientemente rechazaron en referéndum reanudar las negociaciones de adhesión a
la UE, han visto rápidamente como el presidente de EE.UU. ha tomado nota de su
decisión…
Vivienda,
problema europeo. La
UE no tiene competencias explícitas en esta materia, pero está dispuesta a
utilizar sus potestades para ayudar a los gobiernos a combatir el problema de
la escasez y encarecimiento de la vivienda, que afecta a las ciudades de toda
Europa. La Comisión Europea, a través de la vicepresidenta ejecutiva para una
Transición Limpia, Justa y Competitiva, Teresa Ribera, y el comisario de
Energía y Vivienda, Dan Jorgensen, ha presentado esta semana una iniciativa
legislativa para proteger a las administraciones públicas que quieran limitar
los alquileres turísticos temporales y las segundas residencias. Asimismo, hace
una serie de recomendaciones, como incentivar fiscalmente el uso residencial a
largo plazo de los pisos vacíos -por ejemplo, gravando con impuestos las
viviendas sin uso-, facilitar el cambio de uso de oficinas a residencial o
promover el arrendamiento de habitaciones para jóvenes y estudiantes.

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