domingo, 12 de abril de 2026

Cisjordania, la guerra sin nombre

'Visión periférica'

Ocultada por las bombas que caen hoy sobre Irán y Líbano, Israel libra otra guerra –soterrada, silenciosa– contra los palestinos de la Cisjordania ocupada, hostigados, expulsados y asesinados por los militares y los colonos.

El 15 de marzo pasado la familia Bani Odeh, residente en la población palestina de Tammun, en Cisjordania, tuvo la infortunada ocurrencia de celebrar el fin del ayuno del Ramadán llevando a los niños a comer dulces a un pueblo cercano. Cuando regresaban, su coche fue acribillado por una patrulla de la policía israelí, que  dijo sentirse amenazada por la velocidad del vehículo. A consecuencia de los disparos, murieron el matrimonio y los dos hijos menores, de 7 y 5 años. Solo sobrevivieron los dos mayores, de 12 y 9, sentados en la parte de atrás.

La tragedia de los Bani Odeh podría parecer un fatal accidente, un dramático error, si no fuera porque la práctica de disparar primero y preguntar después se ha convertido en un hábito de  las fuerzas de seguridad de Israel en los territorios ocupados. En los últimos dos años, desde octubre de 2023, cuando la organización terrorista islamista Hamas lanzó su ataque contra el Estado judío desde Gaza, y noviembre de 2025, la ONU ha registrado el asesinato de más de 1.000 palestinos –entre ellos, 213 niños– en Cisjordania. Así como el desplazamiento forzado e ilegal de 36.000 personas, en lo que el Alto Comisionado para los Derechos Humanos ve un claro indicio de “limpieza étnica”.

La mayoría de las muertes fueron perpetradas por el ejército y las fuerzas de seguridad israelíes, pero un número creciente de los asesinatos fueron –y siguen siendo– obra de grupos de colonos extremistas que se dedican a hostigar violentamente a los palestinos para expulsarlos de sus casas y sus tierras, y crear nuevos asentamientos judíos ilegales.

La actividad de estos grupos, tolerados y armados –cuando no alentados– por el Gobierno de extrema derecha israelí, ha sido calificada por el  diario de oposición Haaretz de “terrorismo judío” y la compara con la violencia del Ku Klux Klan en los estados del sur de Estados Unidos contra la población negra en la época de la segregación y la lucha por los derechos civiles: “Estos incidentes ocurren casi a diario y forman parte de un plan coordinado de mayor envergadura. Estos actos de violencia tienen como objetivo sembrar el terror entre los palestinos, reducir su espacio vital y expulsarlos por la fuerza de sus tierras, en las que se establecerán nuevas granjas judías y maajazim [puestos avanzados de asentamientos irregulares]”.

El Gobierno israelí resta importancia al fenómeno –reduciéndolo a la acción de  pequeños grupos de incontrolados–, condena con la boca pequeña los ataques y no hace nada para frenarlos. De hecho, los colonos fanáticos cuentan con el apoyo del ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich (del Partido Sionista Religioso, de extrema derecha), quien tiene un papel clave en la administración de Cisjordania –las antiguas Judea y Samaria, como las llaman los sionistas–, de la que promueve su anexión definitiva y donde alienta la creación de nuevos asentamientos en vulneración de la legislación internacional.

La violencia de los colonos contra los palestinos forma parte de esta estrategia de acoso. Desde el ataque de Hamas de octubre de 2023, el Gobierno israelí, a iniciativa del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir –otro ultraderechista, líder del partido Poder Judío–, ha distribuido 157.000 licencias de armas y más de 120.000 armas entre los colonos judíos en Cisjordania, ha flexibilizado las restricciones para su posesión y ha formado 527 milicias o “escuadrones de seguridad”.

“El gobierno del primer ministro israelí Benjamin Netanyahu —el más extremista de la historia del país— está impulsando un nuevo orden radical diseñado para consolidar la supremacía israelí en Cisjordania. La expansión de los asentamientos, la escalada de violencia de los colonos y las operaciones militares israelíes cada vez más agresivas están transformando su geografía y demografía. El objetivo es destruir cualquier posibilidad restante de autodeterminación palestina”, sostienen Hugh Lovatt y Tahani Mustafa, del European Council on Foreign Relations. Se trata de boicotear la solución de dos estados.

Cerca de un centenar de antiguos embajadores y diplomáticos israelíes hicieron pública recientemente una carta en la que instaban al Gobierno a poner fin a la “violencia intolerable” contra los palestinos en Cisjordania y a castigar a “los autores de estos actos atroces”. Lejos de eso, el Ejecutivo ha conseguido aprobar en el Parlamento –para satisfacción de Ben-Gvir, que brindaba con gran regocijo– una controvertida ley que instaura la pena de muerte en la horca exclusivamente para los palestinos condenados por atentados terroristas mortales. La ley se refiere a actos terroristas que pretendan “negar la existencia del Estado de Israel”, así que los terroristas judíos están exentos.

La de Cisjordania es una guerra no declarada, una guerra silenciosa y  oculta –al igual que la de Gaza– por la tremenda onda expansiva de las bombas que caen hoy sobre Irán y Líbano. En la Franja las muertes de palestinos a manos de las fuerzas israelíes también son constantes: al menos 500 desde el alto el fuego acordado el pasado mes de octubre, que se añaden a las más de 70.000 víctimas mortales –cifra confirmada por el propio ejército israelí– causadas por la ofensiva militar ordenada por Netanyahu como represalia por el ataque de Hamas. El ejército hebreo, que desplegó un perímetro de seguridad marcado por una ‘línea amarilla’, mantiene hoy ocupado algo más de la mitad del enclave. El resto lo controla Hamas.

Embarcado en más guerras de las que  puede abarcar –el jefe del Estado Mayor, Eyal Zamir, ha advertido del riesgo de “implosión” del ejército por falta de efectivos–, Israel cree posible desterrar definitivamente todas las amenazas internas y externas por las armas, mientras trata de consolidar sus sueños de expansión bíblicos a costa de los palestinos. Pero la guerra no le traerá la paz. Y la victoria –si se produce– no será más que una cáscara vacía.


No hay comentarios:

Publicar un comentario