La guerra comercial entre Estados Unidos y el resto del mundo ya es abierta y total. Y Europa resultará especialmente castigada. Tras los aranceles especiales aplicados unilateralmente por EE.UU. al acero y el aluminio -en un primer momento- y a los automóviles -después-, el ataque es ahora global. El presidente Donald Trump anunció el miércoles, jornada que había bautizado pomposamente como el Día de la Liberación, la imposición de aranceles del 10% sobre la importación de productos de todo el mundo, incrementados particularmente según cada país o bloque de países: para la Unión Europea serán de un 20% o más. Bruselas contestó de inmediato al movimiento de Washington con el anuncio de próximas contramedidas de retorsión. El choque amenaza con desplomar la economía mundial, empezando por la norteamericana.
La política proteccionista de Trump es una carga de profundidad contra el sistema comercial mundial que pone fin a la era de la globalización promovida durante décadas por los propios EE.UU. El presidente estadounidense acusa al resto del mundo -amigos o enemigos, aliados o rivales- de haber “saqueado” y “expoliado” a su país, y de haber hundido su industria con prácticas comerciales “injustas”. Obsesionado con el déficit comercial, ha justificado la aplicación de aranceles supuestamente “recíprocos” con el fin de restablecer una relación más justa. Dos días antes de desvelar su alcance, aseguró que sería “amable” y “benévolo” y que impondría tasas menores a las exigibles. Pero lo cierto es que las tarifas aduaneras anunciadas son las mayores desde hace un siglo, al nivel de las que hubo entre la Gran Depresión y la Segunda Guerra Mundial.
Con Trump, las palabras no tienen el significado que realmente tienen. No hay nada “recíproco” ni “amable” en sus medidas. El presidente estadounidense justificó unos aranceles brutales del 20% a la UE asegurando que, aun siendo elevados, estaban por debajo de los impuestos por los europeos a los productos norteamericanos, que situó en el 39%. Nada más falso. Los aranceles que Europa aplica a los bienes procedentes de EE.UU. son del 1,3%, según datos del Banco Mundial del año 2022. Pero el Gobierno americano hace las cuentas como le parece y a las tasas aduaneras suma impuestos generales como el IVA -que afectan a los productores locales por igual- y cualquier otra medida que considere lesiva para justificar su decisión. De hecho, simplemente lo calcula en función de la diferencia existente entre exportaciones e importaciones.
La cuestión del déficit comercial de EE.UU. respecto a Europa es otro mito inflado por la propaganda. Según datos de la Comisión Europea, el déficit comercial de EE.UU. con la UE en la compraventa de bienes fue en 2023 de 156.000 millones de euros. Pero en lo que atañe a los servicios, tuvo un superávit comercial de 104.000 millones. Lo que en realidad reduce el déficit total norteamericano a 52.000 millones de euros, seis veces menos de lo que Trump va pregonando.
Europa prepara ahora su respuesta con un paquete de medidas de represalia que buscará ser gradual, con el fin de dejar la puerta abierta a una negociación que evite la guerra sin cuartel. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lamentó profundamente las medidas norteamericanas y dijo que no quedarán sin respuesta. Pero mantuvo su mano tendida y aseguró que todavía “no es demasiado tarde” para encontrar una solución dialogada.
La UE dispone, desde diciembre del 2023, de un mecanismo de represalia que hay quien compara, figuradamente, con el botón nuclear. Se trata del Instrumento Anti Coerción (ACI). Concebido como medio de disuasión y nunca utilizado hasta ahora, el ACI prevé una batería de contramedidas, desde la aplicación de derechos aduaneros a restricciones al comercio de servicios y aspectos sobre los derechos de propiedad intelectual, pasando por la limitación de la inversión extranjera directa o del acceso a la contratación pública. Su aplicación precisa del acuerdo de al menos 15 de los 27 estados miembros, representando al menos el 65% de la población. |
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