Newsletter ‘Europa’
@Lluis_Uria
El lema de la presidencia semestral húngara de la Unión Europea había dejado claro desde el principio cuál iba a ser el tenor de esta etapa: la provocación. Make Europa Great Again (Hagamos Europa grande de nuevo) fue el eslogan elegido por el controvertido primer ministro Viktor Orbán, un guiño muy poco sutil a su admirado Donald Trump y el movimiento ultraconservador norteamericano MAGA (Make America Great Again), tan apegado a las reglas básicas de la democracia liberal como el líder magiar y su partido, Fidesz. “No queremos trolear, sino conducir una presidencia normal”, declaró poco antes de asumir la dirección rotatoria de la Unión, el pasado 1 de julio, un portavoz gubernamental húngaro a Radio Free Europe, según recogió el Courrier International. Afortunadamente no querían trolear…
El desafío llegó enseguida con la organización de una presunta “misión de paz”. Una gira internacional que llevó a Viktor Orbán en el plazo de diez días a Kyiv (el 2 de julio), Moscú (el 5), Pekín (el 8) y –cómo no- Mar-a-Lago, Florida (el 11) para entrevistarse con Volodímir Zelensky, Vladímir Putin, Xi Jinping y Donald Trump. En esta gira, calculadamente rodeada de ambigüedad -¿era el primer ministro húngaro quien hablaba o el presidente rotatorio de la UE?-, Orbán se desmarcó como es habitual de la línea oficial europea respecto a la guerra de Ucrania. Declaradamente porrruso, si por algo ha destacado hasta ahora el premier húngaro ha sido por poner trabas al despliegue de la ayuda comunitaria a Kyiv para hacer frente a la agresión de Rusia.
Obviamente, a Bruselas le faltó tiempo para subrayar que Orbán no tenía ningún mandato para hablar en nombre de los 27, cada vez más irritados con Budapest. Como primera represalia, La Comisión Europea anunció que no participaría directamente –sino enviando representantes de segundo rango, altos funcionarios en lugar de comisarios- en las reuniones informales que la presidencia húngara organice hasta finales de año en su país. Un boicot no explicitado al que se sumó después simbólicamente –evocando una opinión mayoritaria- el jefe de la diplomacia europea, Josep Borrell, quien anunció que la reunión informal de titulares de Exteriores y Defensa que se preveía celebrar a finales de agosto en Budapest, se realizaría en Bruselas.
Las críticas llovieron de todos lados. La ministra alemana de Exteriores,
la verde Annalena Baerbock, censuró lo que definió como “el viaje ególatra” de
Orbán. Y el viceministro polaco, Wladyslaw Teofil Bartoszewski, invitó al
premier húngaro a reflexionar sobre su permanencia en la UE y la OTAN: “No
entiendo por qué Hungría quiere seguir siendo miembro de organizaciones que
tango le desagradan”, declaró. Varsovia y Budapest, que antaño habían hecho
piña en el grupo de Visegrado –sobre todo cuando el frente del Gobierno polaco
estaba el ultracatólico partido Ley y Justicia (PiS)-, están hoy vivamente
enfrentadas por el alineamiento de Orbán con Moscú.
Cabía esperar, acaso, que el paréntesis estival de agosto calmara un poco las aguas. No ha sido así. A principios de mes se supo que el Gobierno húngaro ha acordado extender a rusos y bielorrusos un tipo de visado laboral que permitirá a ciudadanos de esta nacionalidad trabajar en Hungría durante dos años –prorrogables-, solicitar la residencia permanente y traer a su familia, sin necesidad de medidas especiales de seguridad. La decisión, aunque soberana, disparó de nuevo las alarmas en Bruselas, que vio en esta medida una amenaza a la seguridad de la UE. Rusia ya consigue introducir suficientes espías en Europa como para encima abrirle las puertas de par en par…
La comisaria europea de Interior, la socialdemócrata sueca
Ylva Johansson, trasladó a Budapest su inquietud y le requirió formalmente que
aclarara este asunto antes del 19 de agosto. El Gobierno húngaro no se dio
mucha prisa y no respondió hasta el 21, minimizando el riesgo que podría
suponer esta apertura. Habrá que ver cómo reaccionan los
Los poco más de cuatro meses que restan hasta final de año prometen traer nuevos roces y conflictos, aunque no parece que ello pueda afectar de manera importante –más allá de la política obstruccionista habitual sobre Ucrania- a proyectos esenciales de la Unión. Otra cosa, naturalmente, es la capacidad de distorsión que Budapest seguirá teniendo sobre la política comunitaria allí donde justamente –como en la política exterior y de defensa- se requiere la unanimidad de los 27.
Viktor Orbán tendrá asimismo una nueva palanca en el Parlamento Europeo, donde ha dejado de ser el apéndice díscolo –y posteriormente excluido- del Partido Popular Europeo (PPE) para pasar a ser el principal promotor y fundador –lo de líder es más discutible, estando la francesa Marine le Pen por en medio, con la delegación más numerosa- del tercer grupo de la cámara, Patriotas por Europa, declaradamente de ultraderecha, euroescéptico y sensible a los intereses de Moscú.
Consultas tardías. El presidente francés, Emmanuel Macron, se ha tomado su tiempo para iniciar la ronda de consultas con los partidos políticos para formar un nuevo Gobierno tras las elecciones anticipadas de julio. Los primeros en pasar por el Elíseo, el viernes pasado, fueron los representantes del Nuevo Frente Popular (NFP), que fue el más votado pero carece de mayoría absoluta, y hoy lo harán los del ultraderechista Reagrupamiento Nacional (RN). La complejidad del escenario político ha hecho que se barajen diversos nombres para primer ministro: uno de ellos es el del socialista Karim Bouamrane, al que algunos llaman el Obama francés, alcalde de Saint-Ouen.
Pasaporte europeo. Sabido era que tras el triunfo del Brexit en el referéndum del 2016, por el que los británicos decidieron abandonar la Unión Europea, muchos ciudadanos con derecho a la doble nacionalidad corrieron a hacerse pasaportes comunitarios para poder seguir disfrutando del derecho a la libre circulación por Europa. El tiempo pasado desde entonces no ha hecho sino consolidar el convencimiento de que aquella salida fue un mal negocio y hoy miles de británicos rastrean en los registros e incluso se hacen pruebas de ADN para comprobar si entre sus antepasados hay irlandeses, italianos o españoles y lograr hacerse de este modo con una identidad europea.
Ojo con la leche. La nueva
propuesta de aranceles de la Comisión Europea sobre los vehículos
eléctricos fabricados en China tendrá efectos sobre el consumidor español, ya
que cerca del 30% de las ventas de estos turismos corresponde a marcas del país
asiático o a modelos de Tesla susceptibles de producirse en él. La
propuesta de Bruselas, a confirmarse en octubre, prevé aranceles específicos para
cada marca, que en el caso de SAIC (MG) llegan al 36,3%, y en el de BYD al 17%,
que se sumarían a los del 10% ya en vigor desde el 5 de julio. Como respuesta,
el Ministerio de Comercio de
China ha anunciado una investigación sobre la importación de productos lácteos
de la UE.

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